febrero 2019

Tim Easton ‘Exposition’

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Un viaje a la historia de la música norteamericana

Ambición e independencia, estos son los ingredientes que uno busca en el concepto musical. Tim Easton se ha lanzado a crear un álbum itinerante que nos llegará al completo el próximo mes de junio, su título es ‘Exposition’ y será lanzado a través de PledgeMusic.

El viaje le ha llevado a Tin Easton a tres de las cunas legendarias de la tradición musical en Norteamérica. En Texas le situó en el Gunter Hotel de San Antonio, el lugar donde Robert Johnson grabó su puñado de obras maestras del blues; también ha pasado por Okemah, la tierra natal de Woody Guthrie, allí se instaló en el Okfuskee Country Historical Society para grabar su música. Por último, recorriendo la autopista 61 norte, a lo largo del Mississippi llegó al Shack Up Inn de Clarksdale para hacer lo propio en el hogar de Muddy Waters. Su hoja de ruta le ha devuelto a su casa en Memphis para producir y hacer labores de ingeniero al servicio una colección de canciones que encierran la verdad de un legado flamante.

Foo Fighters en su ‘Sonic Highways’ o Turner Cody en su último ‘The Duke Of Decline’, recientemente publicado, son algunos de los nombres que se han decidido por esta forma de construir sus discos al albur de la carretera y de los estudios monumentales que conservan el espíritu de las grandes luminarias de la música del siglo XX.

El disco ha llegado para su mezcla y master a Nashville. El resultado es magnífico ya que Tim Easton se acerca a las composiciones con un respeto casi místico. Las historias que cuenta su cálida voz, acompañada por unas magnéticas guitarras acústicas, un piano propuesto por su hija Ellington Easton y pequeñas percusiones, son perfectos confidenciales que el autor nos lanza al oído. Temas esenciales como la deliciosa ‘Saint Augustine’ o el blues imperial que completa con ‘If You Want Something Done Right’ son ejemplos de la intima maestría de este compositor.

Las constantes querencias en sus proyectos por el sonido del pop de los Beatles y los Stones en perfecta armonía con el folk tradicional de maestros como John Prine ha sido una constante en su escritura musical. Un tipo que conoce bien las aventuras de un músico de calle, creciendo por las esquinas de Dublín, Madrid, París o Praga para llegar a alcanzar las regalías de los escenarios capitales de estas y otras ciudades.

Inquieto por naturaleza, lleva desde finales de los noventa publicando discos muy personales, en los últimos seis años han alcanzado su máxima altura creativa con discos como el estupendo ‘Not Cool’ de 2013 o el último y soberbio ‘Paco & The Melodic Polaroids’ del pasado año 2018 en el que ya se metía en los barros del blues y el folk tradicional sin filtros.

El álbum ya está al completo en Bandcamp para que puedas comprarlo y colaborar como mecenas en formato digital. Un disco que se nos antoja necesario, por su verdad y su factura.

Dead Calm

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The Boys With The Perpetual Nervousness. El dúo formado por Andrew Taylor y Gonzalo Marcos debuta con un gran disco.


En las infinitas diatribas musicales en las que uno se enzarza hay una máxima cercana a la ley de Godwin, eso si, sustituyendo al genocida por la belleza de la música. El pop es algo sencillo, de ahí su dificultad.

En pleno siglo XXI la contante búsqueda de la melodía es frustrante y cuando damos con un proyecto que cumple con los preceptos clásicos del mejor pop nos ponemos muy contentos ya que las propuestas basadas en ruidos experimentales nos acaban por aturdir.

La alegría es máxima cuando encima nos toca de cerca. Hoy presentamos el primer disco de The Boys With The Perpetual Nervousness, un dúo compuesto un escocés y un español. El escocés es Andrew Taylor, miembro de Dropkick, y el español es el batería Gonzalo Marcos, procedente de la banda El Palacio de Linares. Ambos nos proponen una colección de diez magníficas canciones que van a lanzar como ópera prima el próximo 1 de marzo bajo el título: ‘Dead Calm’ y que han sido grabadas a medio camino entre Madrid y Edimburgo.

El pop es algo sencillo, de ahí su dificultad



El disco se abre con el tema ‘TBWTPN’ (las siglas del nombre de la banda), ya en si mismo es una declaración de intenciones cargada de elegancia musical y luz potente brotando de la garganta de Andrew. Bien apoyado en las armonías vocales y en el buen uso de la guitarra de doce cuerdas, que inevitablemente nos coloca en el universo de míticas bandas como The Byrds, The Beatles o Los Secretos, el dúo nos ha lanzado el sencillo titulado ‘Close The Doors’.

‘Need To You Know’ es una de las piezas más preciosistas del álbum, se separa de la aparente alegría del resto de los cortes. Y el viaje al atardecer del sonido americana de artistas como Tom Petty lo tenemos en ‘Runaway’ o ‘Sparkle’ dos canciones perfectas en su concepción ya que tienen el brillo necesario desde la producción. Además estos dos temas están perfectamente ilustrados por la portada del disco, diseñada por María Medem.

Meritorio debut el de TBWTPN tras el lanzamiento en pasado año de un sencillo en 7” a través del sello alicantino Pretty Olivia Records que ya nos puso sobre la pista de lo que estos chicos eran capaces de hacer. Un trabajo contundente y de bellísima factura que estamos deseando ver sobre los escenarios.

Señales y pérdidas

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La Tedeschi Trucks Band vuelve con un álbum hermoso y melancólico

El tiempo pasa y pasan las personas. Desde su último lanzamiento ‘Let My Get By’ hasta este ‘Signs’ han pasado tres años. Por el camino, entre un interminable calendario de conciertos, Susan y Derek han ido perdiendo a algunos de sus mentores y referentes. Leon Russell fue el primero, Bruce Hampton, Butch Trucks y Gregg Allman después. Y esa melancolía ha quedado impregnada en este cuarto trabajo de la banda. Un disco que esta dedicado a la memoria de Coronel Bruce Hampton que falleció el 1 de mayo de 2017 durante la actuación de conmemoración de su 70 cumpleaños en Atlanta. Allí estaba el matrimonio entre una extensa nómina de artistas que festejaban junto al homenajeado.

El viaje a través de sus canciones deja una sensación muy distinta a la que propiciaba su anterior trabajo. En aquella ocasión el discurso era grande, esperanzador y la sonrisa bailaba entre el jazz, el soul, el blues y el rock. Estos ingredientes siguen funcionando de maravilla, pero la emoción es algo más oscura y el sabor que deja es agridulce. Como ellos mismos dicen: “Han sido tiempos de triunfo, desamor, perdida y cambio”.

El disco ha sido producido por Dereck Trucks junto a Jim Scott y Bobby Tis. Tres productores para crear el sonido compacto que define ‘Sings’ donde todas sus piezas se grabaron en directo en los Swamp Raga Studios de Jacksonville usando cintas analógicas. En el álbum encontramos los habituales elementos que refuerzan el poderío vocal de Susan Tedeschi, los coros gospel que elevan piezas como ‘I’m Gonna Be There’ o ‘When Will I Begin’ al rango de himnos espirituales. Trucks sigue manteniendo esa finura sureña, marca de la casa Allman en mitad de un deseo que por momentos se confabula con las estructuras más libres del jazz. Los cambios de color y tonalidad que pelean por cuadrar en el oído (que ya mostraron en su anterior trabajo) vuelven en ‘Walk Through This Life’. Y la belleza infinita, muy cercana a Carpenters llega con baladas como ‘Strengthen What Remains’ con unos arreglos magníficos y evocadores. En esa línea también funcionan ‘Still Your Mind’ y las plegarias ‘All The World’ y ‘The Ending’.

Con el primer sencillo que nos mostraron, Hard Case, la banda realiza la única incursión en un paisaje más distendido y donde entran con fuerza la sección de metales para arrasar con su poderío. Además, Susan decide dar protagonismo a sus coros y así, en el tema de apertura ‘Signs, High Times’ la podemos escuchar compartiendo el micrófono principal con Matt Mattison y Mark Rivers.

Una vez más Warren Haynes, Oliver Wood, Doyle Bramhall II y Marc Quiñones se suman a colaborar con la TTB, no olvidemos que forman parte de la familia desde hace muchos años.

La conclusión que nos deja Sings es la de que La TTB ha dado un nuevo paso para mantener viva esa llama, ya de por si inmortal, de la familia Allman en un disco en el que todos los miembros del grupo se han unido para superar un difícil periplo y el resultado vuelve a ser estupendo. Un buen álbum que asegura numerosas escuchas para ir descubriendo su magnitud.

Seguro que en breve tendremos la posibilidad de adquirir una edición Deluxe con algún set de canciones en directo.


The Healing Game

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Veintidós años después sigue curando

1997, aquel año quedó marcado en la memoria por un disco inmenso que se presentaba luciendo las intensas fotografías en blanco y negro de Paul Cox. Aquellas canciones están ligadas a un buen amigo, fue él quién me ofreció las primeras escuchas en vinilo de ‘The Healing Game’. Van Morrison volvía a la carga tras ‘Days Like This’ y sus escarceos jazzísticos junto a su amigo Georgie Fame. Con él emprende el nuevo proyecto y suma una nómina de músicos extraordinaria. Han pasado veintidós años y me sigo emocionando con este Morrison profundo, espiritual, un tipo que comenzaba a jugar con los tonos más graves de su voz, rascando y rompiendo. Se comenzaba a convertir en un cantante de blues iracundo, en un león del soul reclamando su reino. Y si, quizás esa tripleta de discos anteriores, ‘Astral Weeks’, ‘Moondance’ e ‘Into the Music’, tengan una talla insuperable y le diesen una medida de leyenda con el paso de los años. Pero este Van Morrison de finales de la década de los noventa explotaba en este disco como un predicador tan bello como oscuro.

Rough God Goes Riding’ es la composición encargada de abrir el álbum. El de Belfast vuelve a sus diatribas religiosas que ya había mostrado en la década pasada en discos como ‘Inarticulate Speech of the Heart’. El tema posée una estructura pop con ornamentos de Góspel y sirve para colocarnos en un escenario de introspección, donde Dios se muestra rudo, con mano firme. El maestro “Pee Wee” Ellis se luce con el poderoso sonido de su saxo tenor descargando tensión mientras los coros elevan la pieza hasta convertirla en un himno. Ellis repite la hazaña con una dinámica más distendida en ‘Burning Ground’.

Por aquel entonces comenzaba a trabajar en la radio, al principio desde los cuarteles de la técnica. Decorando desde la realización distintos programas donde la música importaba tanto como la opinión del presentador de turno. Eurovisión y los triunfitos, el pop melifluo de los indies que se consolidaba tras dos décadas de proyectos, esa voz terrible que aseguraba la muerte del rock, la falta del gen genuino. Eso hizo que buscase la forma de dar salida al hastío y tracé el plan perfecto, hacer radio desde el otro lado del cristal. Me decidí por el jazz desde el principio y gracias a ello me acerqué más a tipos como Elvis Costello o el propio Morrison. Había maestros de las otras músicas que se atrevían con el jazz y Van lo había hecho desde sus inicios.

Pero vuelvo al disco y a la buhardilla de mi amigo Michel. ‘The Healing Game’ incide en esa belleza plomiza de los cielos de la Irlanda del Norte que Morrison buscaba en ‘Moondance’. Y es que su tierra tiene un protagonismo necesario en cortes sublimes como ‘Piper at the Gate of Down’ donde cita a dos genios, a la gaita de Paddy Maloney de The Chieftains y al dobro de Peter O’Hanlon.

El sonido de soulmen como Ben E. King llega con temas como ‘It Once Was My Life’ e ‘If you Love Me’ que apunta hacia las clásicas estructuras del doo wop. Son los únicos temas del disco donde Morrison se relaja y sonríe con su voz.

Y hablando de doo wop, la canción que da título al disco, cura el alma y mira hacia aquellos cantantes que improvisaban armonías para reforzar a la voz principal. Un juego curativo para el alma. En fin, un álbum magnífico de principio a fin, pero no lo conocíamos todo.

El próximo 22 de marzo sale a la venta un disco triple que contendrá el álbum tal cual lo conocemos, un segundo disco lleno de temas inéditos, en algunos de ellos participan luminarias como John Lee Hooker, Carl Perkins o Lonnie Donnegan con los que Morrison se mete a dúo. Más de treinta extras registrados entre 1995 y 1997. Por último, el tercer disco nos mostrará la actuación en el festival de jazz de Montreaux ‘97 donde, además de presentar sus nuevas canciones, realizó estupendas versiones de artistas como Ray Charles. Van The Man no para, sigue de gira tras sus últimos discos.

Este será un buen momento para volver a escuchar, como ayer, ‘The Healing Game’ en aquella buhardilla, la de mi buen amigo. Música y vida.

Robert Ellis, piano tejano

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Texas Piano Man, nuevo disco de un tipo que suena a genio


Texas Piano Man llegará el próximo 14 de febrero. El nuevo disco de Robert Ellis nos va a ofrecer la consagración definitiva de uno de los artistas que mejor están combinando los estilos que brotan del estado de la estrella errante.


Los músicos toman decisiones y direcciones, no siempre son acertadas. Cuando el compositor es fiel a sus raíces casi siempre nos encontramos ante discos sólidos, donde cabe la experimentación pero con una buena dosis de cordura.

Robert Ellis comenzaba a diseñar, a principios de esta década, una trayectoria centrada en los cálidos sonidos del estado de la estrella errante. El aldabonazo llegó en 2015 con la publicación de The Light From The Chemical Plant, en aquel disco se quitaba de encima complejos construyendo paisajes a la luz de las bombillas de tungsteno de un lugar sombrío. Un disco diez donde Ellis se acercaba a los clásicos desde una mirada innovadora.

Robert Ellis, su tercer álbum siguió esa línea pero con coqueteos más cercanos al pop. Un disco de gran calidad.

Ahora se coloca a plena luz del día, vestido de punta en blanco. Se decide por darle protagonismo al piano y a los teclado para seguir contando sus historias que tienden a la escritura conceptual. La figura de Leon Russell ha sido fundamental para el desarrollo de este nuevo disco. Ellis se rinde a esa combinación de country y pop que el maestro usaba para crear ambientes irrepetibles. Pero también se ha fijado en otros pianistas de los cuales ha extraído su savia, Jerry Lee Lewis para el honkey tonk o Billy Joel para el pop más luminoso. Un claro ejemplo lo encontramos en la desgarradora ‘Fucking Crazy’ o en la crepuscular ‘When You’re Away’ donde se acerca por momentos a los modos de creación de Paul McCartney.

También luce un fino humor en la composición de sus textos, firmados junto a su habitual colaborador Jonny Fritz que imprime al discurso del compositor un estupendo y necesario toque de humor que termina de definir la personalidad de este artista. Amor, tierra, asfalto, tiempo, temas habituales en la mitología de un tejano que explora sus raíces.

Ellis reconoce que le queda mucho recorrido y estudio para igualar su dominio del piano al que posee en la guitarra. Pero allí donde la guitarra sólo puede dibujar un paisaje trillado, el piano eleva los tonos y los contrastes son más intensos. Para ‘Texas Piano Man’, un homenaje al tejano anónimo, al explorador de esas tierras salvajes y hostiles que reclamaron como base de su historia, sus canciones se convierten en una reflexión sobre el estado en el que habita a día de hoy, que es tanto como decir que en Texas no sólo existe el Alamo y los vaqueros con botas y sombrero.

Será el próximo 14 de febrero cuando tengamos el álbum al completo que lanza New West Records. Un disco perfecto que consolida definitivamente a Robert Ellis como una de los máximos exponentes del sonido de la Norteamérica actual que se eleva desde uno de sus puntos neurálgicos más activos, Texas.

Pianos y teclados – Robert Ellis 
Guitarras- Kelly Doyle 
Bajo – Geoffrey Muller 
Baterías y percusión – Michael “Tank” Lisenbe 
Congas y percusión auxiliar – Josh Block 
Coros y arreglos vocales por Robert Ellis y Michael Lisenbe

Música para follar

en Especiales

Hace frío ahí fuera y la piel requiere de música. A ser posible, la mejor


Nos ponemos prosaicos; sí, llega San Valentín. Música para follar, amar, acariciar…, eso es lo que os queremos regalar con esta entrada al blog. Y nos diréis, mujeres y hombres, que, como con las lecturas o las escuchas, es mejor centrar la atención en lo que se tiene entre manos para poder llegar a entenderlo mejor. Pues nosotros apostamos a que la música es la mejor llave al deseo y a la mejor praxis amatoria. Y esto lo decimos sin contrastar estudios de la universidad de Massachussetts, Boston, Oxford o la Sorbona; lo decimos desde la experiencia del rugoso sonido del buen vinilo a tiempo.

Además, la música facilita el ritmo corporal y sirve de medida mental para las fases del juego. Hay que divertirse.

Preliminares, incendio de soul


Aún queda una semana para que llegue el día de cupido. Nos adelantamos para que vayáis practicando y perfeccionando vuestra lista de canciones. Pero sobretodo, para que todos follemos más y mejor.

Como en las grandes batallas, el ingenio es divertido, la preparación del terreno y la estrategia suele ser la clave del éxito y el soul es el mejor ingrediente para entrar en calor. Nos podríamos poner clásicos, pero para adaptarnos al siglo XXI buscamos artistas que puedan incendiar nuestro deseo. Recordad, la sorpresa es el arma definitiva.

El primero al que atendemos es Curtis Harding. Un músico brillante que viene siguiendo las líneas clásicas del sonido que proponían tipos como Marvin Gaye. Este single de adelanto de su nuevo disco titulado ‘Where we are’ es pura pasión y una extraordinaria banda sonora para introducirnos en harina. Cadencia sutil, cálida, de tono firme y lleno de groove para digitalizar el asunto. Una duración que sobrepasa los siete minutos.

Ya estamos en contacto y el cuerpo pide algo más movido. Ideal, el último sencillo de James Hunter Six. Dejamos atrás las sutilezas y vamos al lado salvaje, aquel que nos mostró James Brown, por poner un ejemplo. Este cambio ayuda ya para usar técnicas que hagan gritar como grita el cantante británico. Es hora de practicar la técnica vocal. Entre ambos temas tenemos unos diez minutos, hay que echar más leña al fuego y subir el tempo.

Sharon Jones nos enseñó a amar durante 100 días y 100 noches. Ojalá os pongáis objetivos a más largo plazo. Aceleramos y combinamos, olé por San Valentín. Esto funciona, es un buen reactivo para crear la necesidad de conquistar mayores profundidades. Pero no olvidemos que hay que seguir cambiando de ritmo y crear tensión.

Lee Fields, la pausa, el receso, el momento líquido, ideal para seguir modelando el éxtasis. Estamos en torno a los quince minutos de buen sexo. Le podemos añadir alguna canción más, depende de la necesidad de cada cual. Pero, sobre todo, recordad, el sexo cuando estas en pareja es cosa de dos. Hay que comunicarse. Puedes excederte y dejar de hacer magia de un momento a otro. Todo ingrediente en su justa medida.

Música negra para cuerpos luminosos con zonas oscuras, duras y húmedas.

Al magro del asunto, follemos


Aunque os entren las prisas, que no está mal en ocasiones arrancar de 0 a 100, os proponemos ir acelerando. Anaut nos dejaban en su último disco ‘Hello There’ una pieza estupenda para comenzar a disfrutar de las profundidades. ‘Don’t Let Me Down’; entra despacio, va creciendo y culmina entre gritos y guitarrazos estupendos. Dura ocho minutos y de entrada no nos merma el físico, nos da para poder respirar y crecer. Es un buen inicio.

Tras comenzar haciendo crecer el ansia, qué mejor que el rítmico blues sudoroso de Koko Taylor, con vibratos de armónica y fills de batería, todo esto antes de la tormenta, puro fuego diabólico para acelerar hacia el que deseamos que ya sea el segundo éxtasis.

Acelerando que es gerundio, nos ponemos clásicos. ‘Mr. Blue Sky’ lo tiene todo, incluso los coros celestiales del orgasmo que igual se nos escapaba antes. Cada ritmo puede funcionar para cambios posturales fantásticos. El final del tema te da para recibir un deseo de embestida importante.

Sumemos más cambios de ritmo y algo de moda, para algunos.

No descubrimos nada, ‘Bohemian Rapsody’ es una amalgama de romanticismo, diversión y explosión, con besos y abrazos finales, que no definitivos. El cuerpo nos pide más y hay que forzar la máquina.

Para gustos, lugares


Del tema siguiente no diremos más; el sexo debe ser sucio para que sea bueno, no le deis más vueltas. Hay ritmos aplicables, siempre que sean consentidos por ambas partes, que pueden producir mucho placer. Conversar sobre ellos puede ser divertido, además de encendernos. Loquillo nos pone las pilas y aunque el tema tiene un título que nos sirve como broma, el mejor consejo que podemos dar es que las cosas en la pareja se deben hablar. Si hay quorum, el garaje puede ser un lugar estupendo donde disfrutar de la música. Al lío.

La victoria son las ganas de volver


No equivoquéis la meta, ese chorro cálido de liberación mutua es un regalo. Correrse como si no hubiera un mañana es ley, pero disfrutad del combate sin prisas por conseguir la victoria.

Os proponemos a Jimmy Barnes junto a Tina Arena y la guitarra de Joe Bonamassa. Un tema gigante donde podemos soltar alaridos de placer y soltar toda la adrenalina que nos recorre el cuerpo. Le falta velocidad pero le sobra emoción y atiende al deseo más primitivo.

Como con los mejores discos, el resultado del asalto debe ser el de querer repetir. Es importante la alegría, el sentirse bien con uno mismo. Este artículo lo escribe un par de hombres, no lo escondamos. Pero nos gustaría pensar que gozamos de sensibilidad y buenas maneras. Que somos tipos sanos y que el sexo nos divierte y está al nivel de satisfacción de la música. Corto o largo, echemos buenos polvos, sigamos follando y amando, a ser posible con buena música y sin necesidad de fumar tras la batalla. Robert Ellis es la alegría personificada en el último sencillo que nos ha entregado. No os olvidéis de besar y abrazar hasta quedar dormidos.

¡Ah! Cuando despertéis, repetid.

Deseamos que esta playlist, como otras muchas que os podríamos proponer, os funcione. Pero añadimos, lo más importante es que deis con la pareja perfecta para ponerla en práctica, no vaya a ser que a él o a ella le guste el reggaeton. Recordad que al final, estos son los gustos de CDS RadioShow, ni mejores ni peores, tan sólo son los nuestros.

Feliz San Valentín, y que sea a menudo.

Morgan emociona al Price

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Dos noches épicas en el Circo

Ver en directo a Morgan ha sido realmente maravilloso. El domingo 27 de enero, la banda madrileña cerró su segunda actuación en el ciclo de conciertos INVERFEST. Tras un primer sold out el sábado 19 de enero en el madrileño Teatro Circo Price, se vieron obligados a ofrecer una nueva oportunidad para disfrutar de su música.

Tuvimos la suerte de asistir al primero de los dos conciertos. Durante dos horas, fueron muchas las sorpresas que Nina y compañía tenían preparadas para un público entregado desde el primer minuto. Tras interpretar algunos de los temas que componen su nuevo trabajo, Air, irrumpieron en el escenario unas invitadas muy especiales: las Golden Girls. Tres componentes del quinteto corista, entre ellas, la madre de Nina, acompañaron a Morgan durante el resto del concierto repasando las canciones del primer álbum, North, del que fueron partícipes.

La siguiente sorpresa fue la salida a escena del quinteto de vientos, con los que también interpretaron canciones como Sargento de Hierro o una versión muy especial de Queen. Morgan se atrevió a la versión de una de las canciones más famosas de los británicos y podemos decir que, el resultado, fue espectacular. Nina, por un momento, dejó de tocar el piano y, con los pies descalzos y como si de una canción propia se tratara, comenzó a cantar y a bailar Somebody to Love.

Se acercaba el final del concierto y, tras ganarse al público con sus discursos espontáneos, llegó el momento de los bises. Tras volver al escenario, sola entre la multitud, y a punto de interpretar Volver, la cantante aseguró que “al haber comenzado tarde en el mundo de la música”, no entendía muy bien para qué servían los bises.

Para poner el broche de oro, Morgan, las Golden Girls y los vientos nos regalaron unas últimas canciones.  Incluida en su último disco,  Another Road  consiguió que el público se levantara de sus butacas para bailar. Y acompañada tan solo de la guitarra acústica de Paco López, Nina nos emocionó con Marry You, logrando el éxtasis final en uno de los conciertos más importantes para la banda.

La sonrisa de Krahe

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Una noche de noviembre en el Galileo

Habría que preguntarse si Krahe le gritó a la patria: “si la próxima vez” y para hacer uso de su practicidad pensaba “dejar un borrego, una foto novela y una flor de plástico”, como lo hizo “el tío Marcial”, o es solo que tocó , por el uso.

Huérfanos seguimos sin Krahe, y no hay canción que nos haga reconfortar. Echar de menos es natural, y acercarse al maestro es activar el majestuoso mecanismo de la comprensión. 

En estos días, y para nuestra gloria se edita la reunión de amigos que tenía lugar en Madrid en la sala Galileo, una noche de noviembre de 2016.

Los amigos que iban a dar fe de lo mucho que significó, significa y significará uno de los tipos incombustibles que disfrutamos hasta la nausea, lo que nosotros llamamos “Rocanrol”, pero sin distorsiones ni nada, mas que la de la realidad. Para eso estaban las canciones de Javier, para hacernos mejores, para acomodarnos en el retrato que pintó a medida para cada uno de nosotros, pues es seguro que todos hemos querido ser octogenarios y llamarnos Andrés, o ser al menos cinco de las excusas u opciones que proponía en “no todo va a ser follar”. Todo menos la otra mitad de doce, o en tal caso la que no sabe o no contesta.

El estreno del single “Coplas patéticas”, el único tema inédito que dejó Krahe antes de marchar, hace que nos frotemos las manos, porque tendremos material pasado bajo el filtro de amigos como Joaquín Sabina, y los huérfanos de Krahe, la banda que siempre acompañó al maestro. (Andreas Prittwitz, Fernando Anguita y Javier López de Guereña), que lejos de quedarse en la importancia de elevar su figura mas allá de lo imaginable, siempre pensaron en ofrecer a todos los que amamos su obra el merecido homenaje a un hombre que se convirtió en un referente literario y humano, casi sin darse cuenta.

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Javier Krahe

“La sonrisa de Krahe”, será el título de este Cd+DVD que saldrá a la venta el 22 de febrero. Con el podremos una vez mas disfrutar ampliamente de la ironía, el aplomo que tenía sobre el escenario, del humor , de su ecuanimidad, y en definitiva de esa capacidad que tenía para que afrontásemos nuestras afrentas de un modo natural. Solo escuchando.

En Cds Radioshow siempre estaremos agradecidos por haber puesto nombre y apellido a nuestras luchas, “Gracias canción”, o de como conseguimos tragar espinas sin que duela demasiado ser mas o ser menos.

Luz de nuestras entendederas que alumbras noches enteras. Gracias Javier

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