marzo 2019

Steve Earle

Steve y Guy

en Novedades

Steve Earle & The Dukes firman ‘GUY’, una joya emotiva y exquisita

‘GUY’ New West Records 2019

La lucha diaria en los fogones de la radio es la de tratar de buscar esa respuesta que nos quite la razón sobre estos tiempos que corren, y ya lamentamos ponernos pesados con el tema, pero es lo que sentimos. Poner el corazón en las cosas es tan necesario como respirar, de otro modo abandonaríamos este barco y nos recluiríamos en nuestros cuarteles de otoño para alimentarnos de los versos y los acordes de las leyendas.

Steve Earle vuelve junto a The Dukes, su banda. El maestro ha decidido hacerlo a lo grande con un álbum que conmemora la vida y la obra del tejano Guy Clark, un compositor imprescindible, el preferido de Bob Dylan, que se marchó de este plano hace tan solo tres años. Y aquí encontramos corazón al ciento por ciento.

Guy y Steve están unidos, no sólo por la íntima amistad que los llevó a fantasear en los últimos años de vida del finado con la posibilidad de escribir una canción juntos, si no por esa filosofía artesanal de quien no tiene prisa ante una vida moderna como la que nos toca vivir. Alumno y maestro se unen por fin, pese a la ausencia.

Escuchando el disco uno desea volver a lo artesanal. Se llega a añorar la privacidad de una vida que se pueda vivir sin tener que asomarse a esa sociedad que ejerce el derecho a la crítica gratuita.

Pero dejemos las diatribas, ‘GUY’ es un gran álbum. Cumple tanto en el plano emocional como en el práctico. Tal y como ocurrió a finales de la década de 2000 con ‘Townes’, Earle ha cumplido con sus dos mentores. Dos de los músicos más influyentes en la cultura tradicional de Norteamérica.  

Guy Clark y Steve Earle

Clark dejó un legado inmenso. Armado con su guitarra, construyó historias de forajidos para músicos como Ricky Skaggs o Bobby Bare, entre otros, canciones que les dieron éxito y fama gracias a la impronta del tejano. También fue mentor de nuestro querido Rodney Crowell, quien junto a Earle, viajó desde San Antonio a Nashville haciendo autostop allá por 1974 para conocer al autor de temas como ‘Texas 1947’ o ‘Desperados Waiting For A Train’ que inevitablemente nos lleva a recordar a los eternos proscritos Highwaymen. Dos canciones que Steve Earle incluye en su obra sin salirse de las líneas maestras propuestas por su autor.

La estética cambia por esa aspereza que alberga la garganta de Earle, pero el retrato es fiel al original. La vuelta de tuerca a los originales la encontramos en los matices, esa cálida presencia de vocal de la adorada Eleanor Whitmore, las mandolinas, guitarras, y el afilado pedal Steel de Ricky Ray Jackson, el dobro certero de Jim McGuire y la solitaria armónica de Mickey Raphael. Todos están a una altura memorable y certifican la calidad del decimonoveno álbum de Earle, grabado en el House of Blues de Nashville.

Para la ocasión, los amigos Rodney Crowell, Jerry Jeff Walker y Emmylou Harris se han sumado con estupendas colaboraciones para el álbum. Desde la apertura con el intenso y mítico ‘Dublin Blues’ hasta la emocional lectura de las relaciones paterno filiales que Earle realiza de ‘The Randall Knife’, pasando por los bailes irreprimibles que nos provocan ‘Heartbroke’, ‘Sis Draper’ y la inmensa ‘New Cut Road’ el disco se mantiene a una altura que no entiende de valles. Mención a parte merecen las armonías desgarradoras de Emmylou en ‘She Ain’t Going Nowhere’ y ‘Old Friends’ que nos hacen llorar a lágrima viva. Si nos vieran ahora mismo, mientras escribimos suena la versión de ‘The Last Gunfighter Ballad’, y aplaudimos por necesidad imperiosa, por placer y desahogo.

Que nadie se equivoque, el álbum está marcado, inequívocamente, por la personalidad y las atmósferas habituales de Steve Earle, no es un homenaje vacuo y alimenticio, es un reconocimiento sentido y profundo a un viejo amigo al que se echa de menos. 

Como bien cantan a dúo Earle y Harris en el broche final que supone la adaptación de ‘Old Friends’ a este GUY: “Viejos amigos, brillan como diamantes”. Disco imprescindible.

Jimmie Vaughan regresa al hogar

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Será el próximo 17 de mayo cuando el sello británico Last Music Co. lance las once canciones en las que Vaughan está celebrando la vida y la música.

La identidad de un estilo seminal como el blues, casi tan antiguo como la historia de los Estados Unidos, se ha ido matizando con el paso de las décadas. En su evolución se ha encontrado con artistas que, bebiendo de distintas fuentes, han creado matices muy ricos que lo han hecho pivotar hacia otros lugares. El clasicismo sigue reinando, bien venga del Delta o se disperse por las avenidas de Chicago; hay músicos que siguen fieles al concepto tradicional que marcaron hombres como Robert Johnson, Son House o Muddy Waters, reflejando de manera cruda esas tristes historias de caminos polvorientos, trenes a ninguna parte, romances peligrosos y cuitas sin saldar.

En las últimas décadas, el rock ha creado un muro férreo en torno al blues, con acróbatas de la guitarra como protagonistas. No es algo nuevo, ya que desde los tiempos de Cream esto ya viene ocurriendo; el peligro es la indefinición en la personalidad del sonido que van creando las últimas producciones.

Por eso, encontrarse con un álbum como ‘Baby, Please Come Home’ supone llevarte al oído un trueno de felicidad y, lo más importante, de sinceridad musical. Jimmie Vaughan ha conseguido conservar intacto el mojo durante más de 50 años de carrera, ha dedicado su vida a preservar la vida del blues, llenándolo de vida y convirtiéndolo en fuente de inspiración para todos los que escuchan. Directamente, desde su título, rememorando al gran Lloyd Price, este álbum es una llamada furiosa y brillante de regreso al hogar. 

Desde 2011 no había vuelto a entrar a un estudio; el último registro lo encontramos en el directo a trío junto a sus amigos en el C-Boy’s. Ahora, desde el estudio de la estación de bomberos de San Marcos (Texas) -jugando en casa-, el tejano nos receta una buena dosis de alegría a través de la revisión de clásicos, más o menos conocidos, en los que se ha dejado el alma en los últimos años. Junto al ya mencionado Lloyd Price, Vaughan firma versiones de temas originales que fueron sellados por luminarias como Jimmy Donley, Lefty Frizzell, Chuck Willis, Bill Doggett, T-Bone Walker, Etta James, Clarence ‘Gatemouth’ Brown y Jimmy Reed; no se puede pedir más.

Vaughan tiene claro que la evolución pasa por el trabajo y, pese a su veteranía, el guitarrista y cantante deja claro en el álbum que el blues le ha exigido renovar sus votos para entregarnos una obra compacta y reveladora. Una obra en la que el blues es el protagonista, destilando arte y buscando el sonido crudo, el sentimiento por encima del artificio y los ornamentos florales de la virtud.

Inspiración

Cuando en los setenta llegó a Austin, el blues se integró definitivamente en su ADN; desde entonces nada le ha podido mover de allí, ni la desgracia ni el éxito mundial. Junto a su hermano o a bordo de los Fabulous Thunderbirds, Jimmie Vaughan ha seguido fiel al camino que le marcaban sus ancestros.

En ‘Baby, Please Come Home’ encontramos desde el blues más primitivo de Jimmy Reed en ‘Baby What’s Wrong’, pieza que cierra el disco, hasta los sonidos de uno de los padres fundadores de la música country moderna, como el legendario ‘outlaw’ Lefty Frizzell, de quien interpreta su ‘No One To Talk To (But The Blues). Vaughan demuestra que la música no se trata de etiquetas, sino de sentimientos. Destacan en el disco piezas como el clásico de Etta James ‘Be My Lovey Dovey’; Vaughan siempre estuvo enamorado del poder cautivador de James y ella misma le entregó este tema para que lo adaptara. Otro gran momento es la interpretación de ‘I’m Still I’m Love With You’; la seda de T-Bone Walker en esta balada es inmensa y la reunión musical en torno a Vaughan crean una ilustración casi poética del original de 1948.

Disfrutando en la redacción del nuevo disco de Jimmie Vaughan

Los compañeros de viaje

La obra está grabada por interpretes solventes, buenos amigos con recorrido. Destacan George Rains, el batería de Mike Bloomfield en los años 70; Billy Pitman, guitarrista forjado en la mítica Wrecking Crew de la que fue fundador; Mike Flanigan al Hammond B-3, que forma parte del trío de Vaughan junto a Frosty Smith a los tambores. También están Doug James, Greg Piccolo, Al Gomez, Kaz Kazonoff, T. Jarred Bonata, John Mills y Randy Zimmerman, a quienes se unen las vocalistas Georgia Bramhall y Emily Gimble. Entre todos ellos hay una comunicación muy especial, se intuye el silencio, las miradas, las sonrisas y el respeto. Vaughan toma la batuta para ser el maestro en esta rica ceremonia.

Un disco grande, necesario y que, sinceramente, va a ser uno de los álbumes de la temporada.

Tom Russell, el regreso del trovador

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Hoy traemos el nuevo trabajo de Tom Russell, un disco exquisito titulado ‘October in the Railroad Earth’.

45 años de carrera alumbran a este polifacético creador que podría definirse en el terreno musical como el cruce perfecto entre las letras de Jack Kerouac y la oscura voz de Johnny Cash en territorio Bakersfied. Y ya son 35 álbumes los que ha publicado mientras ha seguido desarrollando su habilidad para la pintura, con obras expuestas en diversas galerías de distintos países. Además, ya lleva publicados 6 libros, uno de ellos sobre su propia obra pictórica, otro sobre sus canciones y un volumen de ensayos sobre la cultura del Oeste norteamericano. Definitivamente, Russell es un renacentista.

Sus canciones han sido cantadas por el propio artista de la talla de Johnny Cash, Douglas Wayne Sahm, K.D. Lang, Tom Paxton o la maravillosa Iris DeMent, entre otros.

Durante más de cinco décadas, sus composiciones han documentado un país casi olvidada, desde México y sus fronteras hasta los Territorios del Noroeste, a través de los arquetipos habituales que presentan los paisajes, eventos y trayectorias culturales e históricas de héroes anónimos.

El título del disco deriva de un largo artículo de Jack Kerouac que apareció en la revista literaria Evergreen Review en 1957, en el narra sus experiencias como estudiante de frenos para la compañía Southern Pacific Railroad.

Russell elige muy bien este título, ya que estas canciones están arraigadas en las odiseas de los viajes interminables, en la soledad del propio viajero y en sus extraños encuentros. En definitiva, son el relato de las pequeñas tragedias y éxitos en las vidas de tipos duros y eternamente inquietos. Kerouac es un leiv motiv en todo el disco, como ejemplo el propio Russell lanza en las notas del álbum haciendo referencia al pionero de la Generación Beat: «Murió con 62 dólares en el banco». Es el reflejo de todos esos atractivos perdedores, entre los que siempre nos incluimos los trabajadores y soñadores.

Asistiendo en el estudio a Russell encontramos al titán de la Telecaster Bill Kirchen, quién fuera miembro de los Lost Planet Airmen, la banda Comandante Cody, además de ser uno de los pioneros del sonido Americana. También encontramos en la nómina de colaboradores a la cantante y compositora Eliza Gilkyson, una de las habituales en el circuito de Austin y que deja un magistral dúo junto a Russell, dentro del álbum en la pieza ‘Back Street Of Love’, un tema crudo, desprovisto de arreglos y lleno de belleza. Cerrando el elenco encontramos el pedal Steel a Marty Muse, la batería Rick Richards y Los Texmaniacs Josh y Max Baca al acordeón y sexto respectivamente.

‘October in the Railroad Earth’

El conjunto de estas once canciones está impregnado de country, rockabilly, folk y toneladas de sensibilidad. No importa su lectura, no es un álbum conceptual, pero todas sus historias están enraizadas en experiencias vitales, algunas de ellas son propias de Russell. Los textos trazan la vida del trabajador anónimo, sus propósitos, sus derrotas y su voluntad de continuar incluso cuando la esperanza está en su contra. Es la leyenda de esos heroes de la clase trabajadora que dibujaron luminarias como Steinbeck. Y a todo ello, Russell le suma la capacidad de sonreír.

Podríamos destacar piezas concretas, como esa alegórica ‘Hand-Raised Wolverines’ que nos habla sobre el diabólico y vacío ritmo de la vida moderna; la historia maravillosa entorno a ‘Isadore González’, el vaquero mexicano que murío en Inglaterra en uno de los Wild West Shows de Buffalo Bill y que viene reforzada por la mencionada colaboración con Los Texmaniacs o la ya mencionada ‘Back Street os Love’, pero la escucha de este álbum se nos antoja imprescindible en su conjunto.

Brillante regreso de Tom Russell. La gran mayoría de sus discos, incluido este, podrían ser ya elevados a la categoría de tesoros documentales de la memoria histórica de los estadounidenses. Buen viaje.

Jarrod Dickenson bajo el cielo de Texas

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Un bello homenaje a la música Tejana

Estamos escuchando el nuevo EP de Jarrod Dickenson en la redacción, no tenemos fin. Ha elegido un bello título,‘Under a Texas Sky’, y supone es el regreso de este artista tejano tras su extraordinario ‘Ready the Horses’ de 2017.

Jarrod Dickenson

El disco rinde homenaje a algunos de los artistas del estado de la estrella errante como Guy Clark, Willie Nelson y Douglas Wayne Sahm, tomando sus canciones originales y luego volviéndolas a imaginar con su cálido estilo que le ha servido de distintivo desde sus inicios.

La canción de apertura, y el single principal, es una versión de la magnífica canción de Roy Orbison ‘Uptown’ . Este tema fue el primer sencillo que Orbison grababa para el sello Monument Records y en el que se animó definitivamente a desarrollar ese estilo lírico tan distintivo en su rock and roll. Jarrod está a la altura del original, su tono de voz enriquece en los tonos graves lo que dejó grabado el maestro y prescinde de los coros doo woop para simplificarlos, y los arreglos de metales que son sustituidos por el uso de un órgano que da una visión algo más oscura pero muy rica.

‘Try Me’ supone la adaptación del original de Jimmy Radcliff que en 1966 fue interpretado por la vocalista tejana Esther Phillips, con el saxo de King Curtis presente en aquella conmovedora grabación. El desempeño emocional de Dickenson en su interpretación hace justicia al original.

El set de canciones incluye una versión del ‘Seven Spanish Angels’ que nos lleva a recordar aquel magnífico e insuperable dúo entre Willie Nelson y Ray Charles. Una canción que ha sido versionada por muchísimos artistas, entre ellos los nuevos ‘outlaws’ Chris Stapleton y Dwight Yoakam, entre otros.

Dickenson incluye también una versión de Douglas Wayne Sham ‘I’m Glad for Your Sake’, grabada por primera vez por su Sir Douglas Quintet en la década de 1960, un tema donde Dickenson llena de anhelos agridulces su interpretación y que sirve para crear un contraste muy especial con la canción de cierre del EP. Ese tema es una fiel versión del ‘Dublin Blues’ de Guy Clark que el compositor incluía en el álbum de 1995 del mismo nombre, es muy similar al original y es una de las piezas más destacadas del disco, además de haber sido uno de los sencillos de adelanto de este ‘Under a Texas Sky’.

Jarrod Dickenson toma todas estas canciones y las hace suyas, con arreglos hermosos y una sólida interpretación basada en su marca vocal cálida y melódica. Pero tras un par de años de silencio discográfico este lanzamiento se nos antoja corto para poder ver de que es capaz Jarrod Dickenson. Será fascinante ver hacia dónde va este proyecto y cómo influye en las próximas canciones que Dickenson nos deje en un futuro cercano.

30 años de In Step

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Cada cosa para cada tiempo, y luego los locos

Es imposible imaginar los años veinte en otro color que no sea blanco y negro, los sesenta sin flores y los ochenta sin neones. Hasta que llega un tipo con pinta de outlaw y sin pedir permiso ni perdón revitaliza el blues abrazando al rock a tal nivel, que hace que el mundo se rinda ante tamaña mezcla y despliegue de virtuosismo.

El tipo en cuestión era Steve Ray Vaughan, el genio que tuvimos, tenemos y tendremos la suerte de disfrutar. Gracias al apoyo de David Bowie, que le pidió colaborar en un video musical, tuvo la oportunidad de irrumpir en la escena musical con un álbum espléndido ‘Texas Flood’, en el año 83, después de haber probado suerte, escenarios y luchas sin azares claro esta, con ‘Triple Threat Revue’ en el 76 junto Wesley Curly Clark en el bajo y Mike Kindred al piano, que abandonarían el barco muy rápido y Freddie Pharoah en la batería y Lou Ann Barton poniendo la voz. Precisamente la marcha de este, hizo que Steve Ray tuviera que ponerse en mitad de un escenario a cantar. Benditos dobles problemas.

Pero damos un salto en el tiempo, porque venimos a hablar de ‘In Step’ el álbum del cual Steve se sintió mas orgulloso, en primer lugar por que había superado los problemas con el alcohol y las drogas, y en segundo lugar, por que desde la sobriedad absoluta había sellado para siempre su identidad al lado de sus amigos, Tommy Shannon en el bajo, Chris Layton en la batería y Reese Wynans en las teclas.

Abría el álbum con ‘The House is Rocking’, energía en estado puro, la revolución del rock n roll. ‘Crossfire’ fue el single que escuchó medio mundo y que supuso ser el cierre de muchos conciertos.

Las temáticas eran optimistas, y para ello se imbuía en un pasado que parecía ajeno, y lejano. Un ejemplo de ello ‘Tightrope’, donde además dejó riffs definitivos y magistrales.

‘Let me love you baby’ fue la revisión que hicieron los Double Trouble del clásico de Buddy Guy, con el respeto al máximo, copiando muchos pasajes, pero ofreciendo lo necesario para hacerse actual en aquellos finales de los 80.

‘Leave my girl alone’, o la gama de ruidos y voz ronca que te llevan al auténtico paraíso. Al llegar a ‘Travis Walk’, uno tiene el pleno convencimiento de la grandeza de un hombre de música, evocando a Merle Travis, otro de sus maestros, a través del boogie y de esa forma de tocar única e irrepetible.

Tanto ‘Wall of denial’, como ‘Scratch-n-Sniff’ o ‘Love my darlin’ dan continuidad a un álbum que parece estar preparándose para los fuegos artificiales, con el enfoque y uso intensivo del swing y los gritos comedidos para entrar en el reino del jazz por momentos.

Llega el final del álbum con un corte definitivo que hace que en cada escucha sientas la obligación de revisar toda la carrera del tejano, incluso puede impulsarte a irte a la tienda mas cercana para comprar una reedición de la Stratocaster de Steve Ray.

Hablo de ‘Riviera Paradise’, la balada que conmueve a propios y a extraños. Esa que han tachado de “la fácil” del álbum, la misma sobre la que Jeff Beck , Robben Ford, o Eric Johnson han derrochado no pocos elogios y alabanzas, y han alertado a todos los seguidores del jazz de su escucha.

Parece un cuento macabro, que existiera un ‘Lenny’ en ‘Texas Flood’ y un ‘Riviera Paradise’ en ‘In Step’.

Ambas primas hermanas, el principio y el final. Por que de la noche del 26 de Agosto del año 1990, ya se ha hablado mucho, del concierto que se celebraba al lado de su hermano Jimmie, con Eric Clapton, Buddy Guy y Robert Cray, y del vuelo que nunca llegó a su destino, dejándonos huérfanos de uno de los músicos mas influyentes del mundo del blues.

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