Especiales

Lord Vedder visita Madrid

en Conciertos/Especiales/Rock Ladies

Eddie Vedder o la historia de cómo el germen del grunge sigue vivo y consigue arañarnos el corazón

Aún con la emoción en el cuerpo escribimos estas líneas, y aunque hemos tenido días para masticar y digerir lo acontecido el pasado 22 de junio en el WiZink Center de Madrid, no se nos quita la piel erizada.

Un espectáculo sencillo, íntimo, donde la poderosa y mítica voz del vocalista de Pearl Jam, nos invitaba a compartir con él más de dos horas de historia de la música. En lo que parecía el salón de una casa y acompañado únicamente de un cuarteto de cuerda y sus guitarras.

“Alive” abre el espectáculo, con una luz tenue y sin el cantante en el escenario, interpretado por el cuarteto de cuerda (Red Limo String Quartet). El precalientamiento idóneo para un público con sed de Pearl Jam. Esto deja el patio caldeado para recibir al artista con una tremenda ovación que desemboca en “Far Behind” de su álbum en solitario “Into the Wild” para la película de Sean Penn de mismo nombre.

Apoteósico arranque que hace que el público conecte con el artista hasta el final del espectáculo, en el cual pudimos vibrar con clásicos como “Inmortality”, “Better Man” o “Black” de Pearl Jam. También hubo hueco para algunos de sus proyectos personales, “Ukelele songs”, “Into the Wild” o “Society” que cantó a dúo con el irlandés Glen Hansard que le acompaña en esta gira, realizando un show previo al concierto que tampoco deja indiferente a nadie. Sin duda, Eddie sabe rodearse de artistas que hacen del evento algo inmenso.

No fueron necesarias luces de neón, fuegos artificiales o una horda de músicos. Acudimos al espectáculo de una de las voces más emblemáticas del rock y más emotivas. Un show concebido desde la sencillez, cargado de sentimiento y apelando a la nostalgia en todo momento.

Una auténtica reivindicación del rock con mayúsculas, del rock de siempre, de los clásicos. Comenzando con el homenaje que le dedicó a su maestro Tom Petty, al cual consideraba mentor y amigo. Bonito detalle que Vedder le dedicase a sus hijas la emocionante versión que realizó de “Wildflowers” de Petty, ya que en su interior contiene aquello que le gustaría ellas que supiesen.

The Clash estuvo presente en el espectáculo, ya que la historia del rock sin ellos no se podría escribir. Un sorprendente “Should I Stay or Should I Go” a golpe de ukelele electrificado llevó al público al éxtasis, ya que no pudimos evitar corear su pegadizo estribillo.

R.E.M. también tuvo su momento con “It Happened Today”, en cuya versión Vedder nos invitaba a cantar con él, alcanzando un estado de comunión increíble entre el público y el artista.

Y para cerrar no podía faltar el padre de todo. El padre de aquello que Eddie lleva representando toda su carrera: Neil Young. El padre del grunge.

“Rockin’ in the free world” ponía la guinda al pastel. El resumen perfecto de aquello que nos quería decir Vedder: ¡Viva la música libre! ¡Viva la música en directo! En definitiva… ¡VIVA LA MÚSICA!

Rock Ladies en Ivoox

Eric Johnson, la guitarra definitiva

en Especiales

Un músico en la antípoda de lo común que sigue marcando tendencias del estilo en casi todos los guitarristas actuales

La tierra de las oportunidades es cualquiera donde pisa Eric Johnson, probablemente uno de los guitarristas mas prolíficos, y con un inmenso bagaje musical dentro de la cabeza.

Podríamos referirnos a él como el músico mas hábil y con una destreza natural fuera de lo común. Un músico al que envidia medio planeta, el de mayor talento y visión espacial que podemos encontrarnos en el universo de música instrumental hecha con una guitarra. Dominar varios estilos queda al alcance de muy pocos, el jazz, el country, el auténtico pop, el blues o el rock mas primigenio.

En los foros todos preguntan como sacar el sonido que escupe su Fender Stratocaster Sunburst, se puede responder de manera sencilla. Necesitas un amplificador 1950’s Fender Twin, un pedal Dunlop Fuzz Face, un Dyna Comp Compressor de MXR, y el famoso Ibanez TS9 Tube Screamer que siempre acompañaba a Steve Ray Vaugahn. Ya esta. Y después caes en la cuenta de que el sonido de Eric proviene de dentro. Pocos elementos, pues en suma es purista de las tonalidades, Eric Johnson distingue si el pedal funciona con pilas, o esta enchufado a la corriente.

Son mas de treinta años de carrera, en su discografía personal no encontramos mas de ocho o nueve discos de estudio, y algún que otro directo. Estas exigencias atienden a la búsqueda constante de lo genial, de no dar cabida a lo primero que le pasa por la cabeza. La constante evolución para mejorar aún más su técnica es casi una obsesión, además de una sentida obligación de rendir tributo a sus maestros: Scotty Moore con Elvis, Nokie Edwards con Ventures, a Yardbirds, Cream, Hendrix, Jeff Beck , Chet Atkins o su amado West Montgomery, al que considera el guitarrista mas libre del mundo. Montgomery representa la libertad que atiende a no tener que pensar técnicamente, sino solo ejecutar todo lo que has aprendido y ya forma parte de ti como músico. Prueba de su influencia la encontramos en ‘East Wes’ del álbum ‘Ah Via Musicom’ Y en ‘Manhattan’ de ‘Venus Isle’.

Muchos productores cuentan la aventura de una grabación cualquiera de Eric, hasta que no cierra los ojos y se le saltan las lágrimas con un solo, el resto se desecha. Pistas que serían joyas para cualquiera, quedan relegadas a la papelera, porque no le emocionan a él.

Eric Johnson es el músico que habita en la antípoda de lo común

José Luis Spinosa

Amante total de los interpretes de piano clásico, ahí es donde Eric vio el camino, en como traducir ese sonido a las seis cuerdas y recrear la belleza en ocasiones con posiciones que harían romper la muñeca a cualquiera.

No dejes de escuchar ‘Cliffs of Dover’ o ‘Songs for George’ donde lo genuino cabe en poco menos de dos minutos, ambas del álbum ‘Ah Via Musicom’ de 1990. O la versión tan personal que hace de ‘Mr.Pc’ de John Coltrane en el ‘Europa Live’ de 2014, por poner solo tres ejemplos de la magnitud que puede llegar a alcanzar Johnson con tan pocos elementos.

Escuchando a Eric Johnson uno tiene la extraña sensación de que pasó a ser mariposa sin ser gusano.

Clapton Crossroads

en Conciertos/Especiales

Un hombre y una causa. Clapton habitó junto al diablo pero supo encontrar el camino a casa ayudando a otros a salir del infierno

No tiene nombre, lo de Eric Clapton no tiene nombre.

Dicen que es dios, y casi que terminaremos por darles la razón. Porque la forma en que Clapton se ha reconstruido así mismo en no pocas ocasiones es digna de mención. Superar la perdida de un hijo, batallar contra las adicciones, y salir impune. Son muchos los amigos que con mucho menos se diluyeron, se borraron o abandonaron el edificio.

La personalidad y la humanidad de Clapton fue tan grande, no solo para abandonar los excesos, sino también para fundar en el año 1997 el centro Crossroads que finalmente abría sus puertas en octubre del siguiente año. Un proyecto en el que se ofrece tratamiento y rehabilitación para todos los que tienen serios problemas con las drogas y el alcoholismo. Muchos piensan de Clapton que fue un oportunista, y escribimos este artículo para demostraros que se equivocan.

El centro necesitaba de donaciones para las becas, y fue a Eric Clapton a quién iluminó una idea en el verano del año 1999. Lanzó a subasta cien de sus guitarras, completamente revisadas por su luthier, Eric Lee Dickson, y certificadas por uno de los grandes historiadores de guitarras Richard Chapman. No vamos a enumerar la lista pero sería interesante remarcar algunas de las joyas de las que Eric se deshizo para conseguir un bien mayor. Todo el dinero recaudado fue a parar a la fundación Crossroads, para que aquellas personas que no podían pagarse el tratamiento, tuvieran oportunidad de coger el tren que les llevara a su nueva vida. Sin palabras.

Vendió su Telecaster del año 52 por 18.000 dólares, la guitarra que le regaló Carl Radle, el bajista de Derek & The Dominos, y que uso para el directo en Crystal Palace junto a Freddie King. Vendió su Gibson ES335TD del año 59 por 30.000 dólares, aproximadamente, la guitarra que uso en la despedida de Cream. Exactamente la misma Gibson que uso George Harrison para despedirse de los Beatles.

Clapton junto a ‘Brownie’

‘Brownie’

Y, lo más importante, vendió a ‘Brownie’ por 100.000 dólares. ‘Brownie’ era su Fender Stratocaster del 56. La guitarra que mejor sonido y tacto tiene de las centenas de Strats que pasaron por las manos de Clapton. La mano derecha de su otra leyenda, ‘Blackie’. Tanto es así que esta es la guitarra que puedes escuchar en el disco de Derek & The Dominos y con la que interpretó ‘Layla’ sin ir mas lejos. Además, fue la primera guitarra Stratocaster que Clapton compró.

Llegaría ‘Blackie’ para ocupar ese lugar, con un mástil que terminó siendo mas cómodo para su ejecución. Aun hoy, cuando vemos las fotos que nos muestran ese mástil de arce gastado, esos herrajes amarillos, la pala completamente quemada por el cigarro que Clapton siempre colocaba ahí, nos entran ganas de ser el próximo doctor Who para volver al verano del año 99, hacer acopio de esos dólares y pujar sin competencia para hacernos con esa bella guitarra. O, en su defecto, cambiarla por una piruleta, si no diera diera para tanto.

Un guitarrista se enamora de todas sus guitarras, da igual lo buenas o lo malas que sean, porque son cajas que contienen emociones asociadas a momentos irrepetibles. Clapton pasó por encima de la nostalgia y consiguió su propósito. Si se convirtió en una autocracia amable y benigna o no, eso queda para el imaginario popular.

Este año, el Crossroad Guitar Festival se celebra en Dallas, Texas. Será en el mes de septiembre y en el cartel aparecen las firmas de maestros como Jeff Beck, Buddy Guy, Robert Cray, Derek Trucks, Bonnie Raitt o Joe Walsh.

Definitivamente, «Clapton is good».

El Glam cumple 50 años

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Bowie, Bolan y productores se encargaron de trazar la leyenda de la música con maquillaje y lentejuela

Tiempos convulsos, necesidad de creer, rezar a un nuevo dios. Los periódicos de ayer se inundaban de nostalgia cuando recordaban los flequillos llenos de cera que en los años cincuenta habían desbordado las calles. Fueron los que dieron paso al lado sofisticado del Rock & Roll; las canciones más serias, los otros flequillos lánguidos que propusieron los protagonistas de la invasión británica, los excesos que mostraron a los que hoy son abuelos respetados, esos que a sus setenta y muchos siguen ofreciendo lo mismo.

¿Y que iban a decir los que tenían que innovar en los primeros setenta? Sin tenerlo demasiado claro, supieron que lo harían con colores y trapos que incomodarían a los menos pintaos. Inglaterra estaba a punto de parir un nuevo movimiento musical.

Lo que propusieron principalmente Marc Bolan y David Bowie no tenía que ver solo con la música, sino también con una estética que distaba años luz de lo establecido y que iba a ganar, por legiones, a los imberbes que tenían la actitud cargada al máximo.

David Bowie, el iluminado para unos y el que se cambiaba de chaqueta para otros. Oportunista y genio a partes iguales. Si hemos de quedarnos con algo jugoso, sin duda es el amor que profesaba por su mayor odiador, Marc Bolan, quien se ganó que Lady Stardust fuese para él, y que su imagen fuera proyectada en cada concierto acompañando al tema.

Ziggy Stardust pisoteó el lado folk que había propuesto Bowie y supuso el ascenso definitivo de las lentejuelas, y la electricidad glamurosa llena de guitarras dobladas de Marc Bolan acabaron con el mismo folk que les acompañó desde el inicio.

No podemos olvidar la importancia de los productores, en este caso Tony Visconti que, a la postre, no solo dio sentido a las ideas de los primigenios, si no que ayudó a otros como Sparks, Iggy Pop o Stranglers. Visconti recordó donde estaban las bases. Sino, decidme si el piano, en el estribillo de ‘Star’ de Bowie, no es la reencarnación de Little Richard.

Fueron muchos los llamados, y no demasiados los elegidos. Roxy Music escondiéndose detrás de un pseudo estilo mayor, con un Phil Manzanera que lo mismo ponía las cuerdas a Brian Ferry como producía a la postres los senderos de traición que encaminaron las huestes de nuestro Bunbury. Queen sumó el Glam a la ópera rock, y a todas las disciplinas que se puedan imaginar. Todos, en suma, iban a inspirar el “do it yourself” del movimiento punk. Pero eso es otra historia, y aún sin salir de Gran Bretaña.

Por mencionar a algunos de los guitarristas que hicieron posible que el Glam se instaurara como modelo a seguir y a ser recordado, recuerdo ahora a tres guitarristas fundamentales.

Mick Ronson

Mick Ronson adecuó sus formas de salvaje de la pradera a la belleza armónica para que sus solos parecieran una extensión de la voz de Bowie. Influenciado por Jeff Beck, y teniendo en cuenta que esa cota de genialidad solo esta en las manos del mecánico de Stratocasters, uso a discreción el Wha-Wha. Siempre recortando agudos con este pedal para que su Les Paul sonara mas nasal si cabe. Sin él, Bowie no habría crecido de la forma exponencial que lo hizo. De hecho, con la marcha de Ronson de la banda del duque blanco, se acabaron los discos homéricos, y pasaron a ser solo geniales.

Ronson y Bowie

‘Con la marcha de Ronson de la banda del duque blanco, se acabaron los discos homéricos, y pasaron a ser solo geniales’

cdsradioshow

Marc Bolan

Bolan fue la Glam Star por excelencia. Había dejado atrás su paso por John’s Children, el folk-rock y el hipismo, para caer en Tyranosaurus Rex. Junto al batería Steve Took, solo unos años después, cambiando a Took por Mickey Finn, acorta el nombre en los discos a T.Rex, bajo este nombre graba ‘Electric Warrior’, ‘The Slider’ y ‘Tanx’, trabajos que encerraron joyas como ‘Get it on’, ‘Metal Guru’ o ‘Tenement Lady’ respectivamente.

Bolan

La característica principal de Bolan radicaba en su capacidad para sacar oro de sus escasas habilidades a la guitarra. Es capaz de crear auténticos mantras pop en forma de riffs que querían ser Clapton y Hendrix pero que, sin darse cuenta, siempre eran Marc Bolan. Poco valorada su factura musical, fue el tiempo el que le dio la razón.

Brian May

En aquella unión, tan extraña como genial, que dio como resultado Queen, había personalidades dispares, y mucha memoria musical. Sobre todo, en la cabeza de Brian May. Quizá ellos pertenecían a la era post Glam, y contaron con la ventaja de saber donde incidir para hacerse gigantes; mucho mas que un Tyranosauro, o que una araña de Marte.

May

Las influencias de May, nunca ha sido dudoso de ellas, fueron básicamente The Shadows y Django Reinhardt. Hasta para esto hay que subirlo a un pedestal, porque consiguió escapar de todo aquello para dar una vuelta de tuerca a su estilo. Comenzaba a mirar más a Hendrix, recordemos sino la pieza titulada ‘Liar’, en el debut de Queen en 1973. La grabación de sus solos y riffs llevaban horas; por la densidad y por ese entramado maravilloso que colocaba la voz de Freddie Mercury en el lugar que merecía. El uso del Delay fue imprescindible y su guitarra, caso a parte. Aquel cacho de madera lo comenzó a construir con su padre con tan solo quince años. Las cuerdas tenían que ser frenos de bicicleta; la pua, una moneda de dos peniques. No había para más.

En el Glam, como en la vida, solo somos jóvenes en los preparativos. Cuando nos toca la guerra, somos mayores por norma.

30 años de In Step

en Especiales

Cada cosa para cada tiempo, y luego los locos

Es imposible imaginar los años veinte en otro color que no sea blanco y negro, los sesenta sin flores y los ochenta sin neones. Hasta que llega un tipo con pinta de outlaw y sin pedir permiso ni perdón revitaliza el blues abrazando al rock a tal nivel, que hace que el mundo se rinda ante tamaña mezcla y despliegue de virtuosismo.

El tipo en cuestión era Steve Ray Vaughan, el genio que tuvimos, tenemos y tendremos la suerte de disfrutar. Gracias al apoyo de David Bowie, que le pidió colaborar en un video musical, tuvo la oportunidad de irrumpir en la escena musical con un álbum espléndido ‘Texas Flood’, en el año 83, después de haber probado suerte, escenarios y luchas sin azares claro esta, con ‘Triple Threat Revue’ en el 76 junto Wesley Curly Clark en el bajo y Mike Kindred al piano, que abandonarían el barco muy rápido y Freddie Pharoah en la batería y Lou Ann Barton poniendo la voz. Precisamente la marcha de este, hizo que Steve Ray tuviera que ponerse en mitad de un escenario a cantar. Benditos dobles problemas.

Pero damos un salto en el tiempo, porque venimos a hablar de ‘In Step’ el álbum del cual Steve se sintió mas orgulloso, en primer lugar por que había superado los problemas con el alcohol y las drogas, y en segundo lugar, por que desde la sobriedad absoluta había sellado para siempre su identidad al lado de sus amigos, Tommy Shannon en el bajo, Chris Layton en la batería y Reese Wynans en las teclas.

Abría el álbum con ‘The House is Rocking’, energía en estado puro, la revolución del rock n roll. ‘Crossfire’ fue el single que escuchó medio mundo y que supuso ser el cierre de muchos conciertos.

Las temáticas eran optimistas, y para ello se imbuía en un pasado que parecía ajeno, y lejano. Un ejemplo de ello ‘Tightrope’, donde además dejó riffs definitivos y magistrales.

‘Let me love you baby’ fue la revisión que hicieron los Double Trouble del clásico de Buddy Guy, con el respeto al máximo, copiando muchos pasajes, pero ofreciendo lo necesario para hacerse actual en aquellos finales de los 80.

‘Leave my girl alone’, o la gama de ruidos y voz ronca que te llevan al auténtico paraíso. Al llegar a ‘Travis Walk’, uno tiene el pleno convencimiento de la grandeza de un hombre de música, evocando a Merle Travis, otro de sus maestros, a través del boogie y de esa forma de tocar única e irrepetible.

Tanto ‘Wall of denial’, como ‘Scratch-n-Sniff’ o ‘Love my darlin’ dan continuidad a un álbum que parece estar preparándose para los fuegos artificiales, con el enfoque y uso intensivo del swing y los gritos comedidos para entrar en el reino del jazz por momentos.

Llega el final del álbum con un corte definitivo que hace que en cada escucha sientas la obligación de revisar toda la carrera del tejano, incluso puede impulsarte a irte a la tienda mas cercana para comprar una reedición de la Stratocaster de Steve Ray.

Hablo de ‘Riviera Paradise’, la balada que conmueve a propios y a extraños. Esa que han tachado de “la fácil” del álbum, la misma sobre la que Jeff Beck , Robben Ford, o Eric Johnson han derrochado no pocos elogios y alabanzas, y han alertado a todos los seguidores del jazz de su escucha.

Parece un cuento macabro, que existiera un ‘Lenny’ en ‘Texas Flood’ y un ‘Riviera Paradise’ en ‘In Step’.

Ambas primas hermanas, el principio y el final. Por que de la noche del 26 de Agosto del año 1990, ya se ha hablado mucho, del concierto que se celebraba al lado de su hermano Jimmie, con Eric Clapton, Buddy Guy y Robert Cray, y del vuelo que nunca llegó a su destino, dejándonos huérfanos de uno de los músicos mas influyentes del mundo del blues.

The Healing Game

en Especiales

Veintidós años después sigue curando

1997, aquel año quedó marcado en la memoria por un disco inmenso que se presentaba luciendo las intensas fotografías en blanco y negro de Paul Cox. Aquellas canciones están ligadas a un buen amigo, fue él quién me ofreció las primeras escuchas en vinilo de ‘The Healing Game’. Van Morrison volvía a la carga tras ‘Days Like This’ y sus escarceos jazzísticos junto a su amigo Georgie Fame. Con él emprende el nuevo proyecto y suma una nómina de músicos extraordinaria. Han pasado veintidós años y me sigo emocionando con este Morrison profundo, espiritual, un tipo que comenzaba a jugar con los tonos más graves de su voz, rascando y rompiendo. Se comenzaba a convertir en un cantante de blues iracundo, en un león del soul reclamando su reino. Y si, quizás esa tripleta de discos anteriores, ‘Astral Weeks’, ‘Moondance’ e ‘Into the Music’, tengan una talla insuperable y le diesen una medida de leyenda con el paso de los años. Pero este Van Morrison de finales de la década de los noventa explotaba en este disco como un predicador tan bello como oscuro.

Rough God Goes Riding’ es la composición encargada de abrir el álbum. El de Belfast vuelve a sus diatribas religiosas que ya había mostrado en la década pasada en discos como ‘Inarticulate Speech of the Heart’. El tema posée una estructura pop con ornamentos de Góspel y sirve para colocarnos en un escenario de introspección, donde Dios se muestra rudo, con mano firme. El maestro “Pee Wee” Ellis se luce con el poderoso sonido de su saxo tenor descargando tensión mientras los coros elevan la pieza hasta convertirla en un himno. Ellis repite la hazaña con una dinámica más distendida en ‘Burning Ground’.

Por aquel entonces comenzaba a trabajar en la radio, al principio desde los cuarteles de la técnica. Decorando desde la realización distintos programas donde la música importaba tanto como la opinión del presentador de turno. Eurovisión y los triunfitos, el pop melifluo de los indies que se consolidaba tras dos décadas de proyectos, esa voz terrible que aseguraba la muerte del rock, la falta del gen genuino. Eso hizo que buscase la forma de dar salida al hastío y tracé el plan perfecto, hacer radio desde el otro lado del cristal. Me decidí por el jazz desde el principio y gracias a ello me acerqué más a tipos como Elvis Costello o el propio Morrison. Había maestros de las otras músicas que se atrevían con el jazz y Van lo había hecho desde sus inicios.

Pero vuelvo al disco y a la buhardilla de mi amigo Michel. ‘The Healing Game’ incide en esa belleza plomiza de los cielos de la Irlanda del Norte que Morrison buscaba en ‘Moondance’. Y es que su tierra tiene un protagonismo necesario en cortes sublimes como ‘Piper at the Gate of Down’ donde cita a dos genios, a la gaita de Paddy Maloney de The Chieftains y al dobro de Peter O’Hanlon.

El sonido de soulmen como Ben E. King llega con temas como ‘It Once Was My Life’ e ‘If you Love Me’ que apunta hacia las clásicas estructuras del doo wop. Son los únicos temas del disco donde Morrison se relaja y sonríe con su voz.

Y hablando de doo wop, la canción que da título al disco, cura el alma y mira hacia aquellos cantantes que improvisaban armonías para reforzar a la voz principal. Un juego curativo para el alma. En fin, un álbum magnífico de principio a fin, pero no lo conocíamos todo.

El próximo 22 de marzo sale a la venta un disco triple que contendrá el álbum tal cual lo conocemos, un segundo disco lleno de temas inéditos, en algunos de ellos participan luminarias como John Lee Hooker, Carl Perkins o Lonnie Donnegan con los que Morrison se mete a dúo. Más de treinta extras registrados entre 1995 y 1997. Por último, el tercer disco nos mostrará la actuación en el festival de jazz de Montreaux ‘97 donde, además de presentar sus nuevas canciones, realizó estupendas versiones de artistas como Ray Charles. Van The Man no para, sigue de gira tras sus últimos discos.

Este será un buen momento para volver a escuchar, como ayer, ‘The Healing Game’ en aquella buhardilla, la de mi buen amigo. Música y vida.

Música para follar

en Especiales

Hace frío ahí fuera y la piel requiere de música. A ser posible, la mejor


Nos ponemos prosaicos; sí, llega San Valentín. Música para follar, amar, acariciar…, eso es lo que os queremos regalar con esta entrada al blog. Y nos diréis, mujeres y hombres, que, como con las lecturas o las escuchas, es mejor centrar la atención en lo que se tiene entre manos para poder llegar a entenderlo mejor. Pues nosotros apostamos a que la música es la mejor llave al deseo y a la mejor praxis amatoria. Y esto lo decimos sin contrastar estudios de la universidad de Massachussetts, Boston, Oxford o la Sorbona; lo decimos desde la experiencia del rugoso sonido del buen vinilo a tiempo.

Además, la música facilita el ritmo corporal y sirve de medida mental para las fases del juego. Hay que divertirse.

Preliminares, incendio de soul


Aún queda una semana para que llegue el día de cupido. Nos adelantamos para que vayáis practicando y perfeccionando vuestra lista de canciones. Pero sobretodo, para que todos follemos más y mejor.

Como en las grandes batallas, el ingenio es divertido, la preparación del terreno y la estrategia suele ser la clave del éxito y el soul es el mejor ingrediente para entrar en calor. Nos podríamos poner clásicos, pero para adaptarnos al siglo XXI buscamos artistas que puedan incendiar nuestro deseo. Recordad, la sorpresa es el arma definitiva.

El primero al que atendemos es Curtis Harding. Un músico brillante que viene siguiendo las líneas clásicas del sonido que proponían tipos como Marvin Gaye. Este single de adelanto de su nuevo disco titulado ‘Where we are’ es pura pasión y una extraordinaria banda sonora para introducirnos en harina. Cadencia sutil, cálida, de tono firme y lleno de groove para digitalizar el asunto. Una duración que sobrepasa los siete minutos.

Ya estamos en contacto y el cuerpo pide algo más movido. Ideal, el último sencillo de James Hunter Six. Dejamos atrás las sutilezas y vamos al lado salvaje, aquel que nos mostró James Brown, por poner un ejemplo. Este cambio ayuda ya para usar técnicas que hagan gritar como grita el cantante británico. Es hora de practicar la técnica vocal. Entre ambos temas tenemos unos diez minutos, hay que echar más leña al fuego y subir el tempo.

Sharon Jones nos enseñó a amar durante 100 días y 100 noches. Ojalá os pongáis objetivos a más largo plazo. Aceleramos y combinamos, olé por San Valentín. Esto funciona, es un buen reactivo para crear la necesidad de conquistar mayores profundidades. Pero no olvidemos que hay que seguir cambiando de ritmo y crear tensión.

Lee Fields, la pausa, el receso, el momento líquido, ideal para seguir modelando el éxtasis. Estamos en torno a los quince minutos de buen sexo. Le podemos añadir alguna canción más, depende de la necesidad de cada cual. Pero, sobre todo, recordad, el sexo cuando estas en pareja es cosa de dos. Hay que comunicarse. Puedes excederte y dejar de hacer magia de un momento a otro. Todo ingrediente en su justa medida.

Música negra para cuerpos luminosos con zonas oscuras, duras y húmedas.

Al magro del asunto, follemos


Aunque os entren las prisas, que no está mal en ocasiones arrancar de 0 a 100, os proponemos ir acelerando. Anaut nos dejaban en su último disco ‘Hello There’ una pieza estupenda para comenzar a disfrutar de las profundidades. ‘Don’t Let Me Down’; entra despacio, va creciendo y culmina entre gritos y guitarrazos estupendos. Dura ocho minutos y de entrada no nos merma el físico, nos da para poder respirar y crecer. Es un buen inicio.

Tras comenzar haciendo crecer el ansia, qué mejor que el rítmico blues sudoroso de Koko Taylor, con vibratos de armónica y fills de batería, todo esto antes de la tormenta, puro fuego diabólico para acelerar hacia el que deseamos que ya sea el segundo éxtasis.

Acelerando que es gerundio, nos ponemos clásicos. ‘Mr. Blue Sky’ lo tiene todo, incluso los coros celestiales del orgasmo que igual se nos escapaba antes. Cada ritmo puede funcionar para cambios posturales fantásticos. El final del tema te da para recibir un deseo de embestida importante.

Sumemos más cambios de ritmo y algo de moda, para algunos.

No descubrimos nada, ‘Bohemian Rapsody’ es una amalgama de romanticismo, diversión y explosión, con besos y abrazos finales, que no definitivos. El cuerpo nos pide más y hay que forzar la máquina.

Para gustos, lugares


Del tema siguiente no diremos más; el sexo debe ser sucio para que sea bueno, no le deis más vueltas. Hay ritmos aplicables, siempre que sean consentidos por ambas partes, que pueden producir mucho placer. Conversar sobre ellos puede ser divertido, además de encendernos. Loquillo nos pone las pilas y aunque el tema tiene un título que nos sirve como broma, el mejor consejo que podemos dar es que las cosas en la pareja se deben hablar. Si hay quorum, el garaje puede ser un lugar estupendo donde disfrutar de la música. Al lío.

La victoria son las ganas de volver


No equivoquéis la meta, ese chorro cálido de liberación mutua es un regalo. Correrse como si no hubiera un mañana es ley, pero disfrutad del combate sin prisas por conseguir la victoria.

Os proponemos a Jimmy Barnes junto a Tina Arena y la guitarra de Joe Bonamassa. Un tema gigante donde podemos soltar alaridos de placer y soltar toda la adrenalina que nos recorre el cuerpo. Le falta velocidad pero le sobra emoción y atiende al deseo más primitivo.

Como con los mejores discos, el resultado del asalto debe ser el de querer repetir. Es importante la alegría, el sentirse bien con uno mismo. Este artículo lo escribe un par de hombres, no lo escondamos. Pero nos gustaría pensar que gozamos de sensibilidad y buenas maneras. Que somos tipos sanos y que el sexo nos divierte y está al nivel de satisfacción de la música. Corto o largo, echemos buenos polvos, sigamos follando y amando, a ser posible con buena música y sin necesidad de fumar tras la batalla. Robert Ellis es la alegría personificada en el último sencillo que nos ha entregado. No os olvidéis de besar y abrazar hasta quedar dormidos.

¡Ah! Cuando despertéis, repetid.

Deseamos que esta playlist, como otras muchas que os podríamos proponer, os funcione. Pero añadimos, lo más importante es que deis con la pareja perfecta para ponerla en práctica, no vaya a ser que a él o a ella le guste el reggaeton. Recordad que al final, estos son los gustos de CDS RadioShow, ni mejores ni peores, tan sólo son los nuestros.

Feliz San Valentín, y que sea a menudo.

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