Rock Ladies

GRETA VAN FLEET

Greta Van Fleet, el Rock & Roll sigue vivo

Me creí aquello de que no se vuelve a sentir el amor como en la primera vez. Que eso se queda en el pasado. Y me descubro ahora, con casi 30, como una adolescente, volviendo a sentir ese hormigueo en el estómago y la sensación de que algo enorme está por comenzar.

Y es precisamente del pasado de lo que ellos son profesionales. Me refiero a “Greta Van Fleet”.

Este cuarteto formado por los hermanos Kiszka y su amigo Wagner llega a mi vida como todas las cosas buenas, sin esperarlo. Un regalo llovido del cielo. ¿Cómo iba a rechazar unas entradas para asistir al MadCool a pocas horas de su comienzo?

Inicialmente los platos fuertes, en mi ignorancia, eran los poderosos “Prophets of Rage” y los clásicos “The Cure”. Me esperaba un postre que consideraba de relleno, y resultó ser la guinda del pastel.

Agotada, y tras horas de caminar y bailar a lo largo del recinto, me encamino al escenario donde tocarían los jóvenes, con el pensamiento de lo bien que me venía la localización de aquel concierto, ya que estaba al lado de la puerta de salida. “Un par de temas, y a dormir” pensé ingenua de mi.

Hasta que escuché las primeras notas que salían de los amplificadores. Inmediatamente, mis ojos duplicaron su tamaño y mi boca comenzó a abrirse poco a poco. ¿Qué tenía ante mis ojos? ¿Era Led Zeppelin? ¿Era Queen, AC/DC o Guns N’ Roses? Es Greta Van Fleet. Unos jóvenes de Míchigan que aman la música de siempre. Y veneran a los clásicos.

En mi opinión, unos valientes, que con ese talento musical habrían llegado a la cima realizando cualquier estilo musical mucho más comercial. Pero son leales a sus gustos y a la música que les enseñó su padre desde pequeños.

Insultantemente jóvenes, y con una carrera larguísima por delante, en la que limar y encontrar su auténtica personalidad. Pero oigan, si esto es el comienzo, ¿qué clase de torbellino musical nos espera?

Todos sabemos que suenan a Led Zeppelin, ¿acaso no nos encanta eso? Me parece una perfecta carta de presentación para saber quiénes son, de dónde vienen y muy probablemente, a dónde van.

Agradezco enormemente el viaje al pasado que ofrecen. Porque desde hace mucho, mucho tiempo, no tenía esta sensación, (con la cual me veréis repetirme en múltiples ocasiones), ya que sentí que verdaderamente estaba ante un momento importante para la música. Supongo que como aquel que fue a ver uno de esos conciertos de los primigenios Queen.

Desde que salí del espectáculo, sólo tenía ganas de escucharlos. A pesar de las horas y del cansancio, no pude evitar recurrir a mis auriculares y ponerme a investigar de dónde salía aquella música mágica. Descubrí que el corazón me dio un vuelco con “Black Smoke Rising”, o que el público enloqueció con “Highway Tune” y que no había mejor cierre que “When The Curtain Falls”.

Mezcla de pena y alegría me da saber que hay tan poco material de estos chicos aún. Pena porque sólo tengo su EP “From the Fire” y su LP “Anthem of the Peacefull Army” para escuchar, pero alegría porque sé que se avecinan muchos álbumes con los que disfrutar y transportarme a otro tiempo donde se comprendía la música de esta forma.

Sólo tengo palabras de admiración y agradecimiento para estos chicos, porque tras pasar mucho tiempo rebuscando algo que me llenase, algo que al ponerme los cascos inevitablemente los ojos se me cerrasen para disfrutar con plenitud de esa misteriosa energía, por fin, por fin he vuelto a enamorarme como la primera vez y a ilusionarme con la música como cuando era una adolescente.

Y el futuro, aún está por escribir.

El trap, la democratización de la música

Qué oscuro secreto no conoceremos de Beethoven, Mozart, me vale Picasso y cómo no, Da Vinci. Seguimos descifrando sus claves, las que dejaron a la vista de todo mortal, las que eligieron como legado y como eco en la posteridad. Pero genios de tal calado no pueden estar exentos de “errores” humanos, episodios que hubieran deseado borrar de la historia. Estoy convencido de que no hay camino más directo a la genialidad.

     Observaba atónito a los capos del trap, en sus casas sin más ayuda que un portátil y un micrófono de menor presupuesto que el último de mis antojos, y teniendo mayor repercusión de la que jamás había soñado con todo mi conocimiento y desarrollo musical de una vida entregada a este ingrato arte.

     Ese es el momento, es la encrucijada, el cruce de caminos del que hablaba Robert Johnson. Somos músicos porque entendemos ese lenguaje a otro nivel, es nuestra criba, nuestras oposiciones. Ya no podemos formar parte del espíritu adolescente que compartimos con Nirvana, ni de sentir el alto voltaje de nuestras hormonas en pubertad. La música nos enganchó porque nuestros ídolos supieron hacernos sentir identificados con ellos, porque estábamos hechos de la misma pasta, conectados.

     Es el turno de las nuevas generaciones, ahora es su momento y la mejor posición que podemos tomar es de meros observadores, no obviemos, escuchemos; no corrijamos, aprendamos y no coartemos. Demos libertad y dejemos que se exprese la nueva generación.

     Hagamos un ejercicio, imaginemos que el “Romance Anónimo” fuera obra de los “traperos” del medievo, o que incluso (idea que ha motivado este artículo) es la obra de Paganini que quiso ocultar al mundo. Es genial, la disfrutamos grandes y pequeños y la perpetuamos en la historia de la música, tanto popular como académica… ¿Recuerdas algo de Paganini?, yo no.

     Se me antoja imaginarme al gran Paganini como un gran virtuoso del violín, pero de mayor destreza y talento en la guitarra. Convive con dos facetas musicales, la ortodoxa del violín que le proporciona estabilidad económica y prestigio social, y la heterodoxia de la guitarra, instrumento popular y de un status inferior, que le obliga a ocultar sus desafíos musicales en este universo. Ambas vanguardistas, ambas calando profundamente en la historia. Pero con su corazón enfocado en la segunda, pionero y profeta de la música del futuro.

    A día de hoy conocemos su devoción por ambos instrumentos, no la proporción en la que volcaba el alma sobre ellos.

     ¿Por qué no? Su mayor logro no está escrito en partitura y con su firma, está disipado por todo el cancionero y la tradición popular.

     Ahora tenemos los medios para exprimir hasta la última gota de jugo que existe en el alma humana, la música no puede ser de unos pocos privilegiados, es de todos nosotros. Como defendía Frank Zappa, seamos constructores de la misma. Ni Mozart, ni Beethoven, ni Picasso, ni Da Vinci tenían las instrucciones para dar en el clavo. Eran la mano que blandía el martillo.

     Con cariño de un Artista para todos mis colegas.

Mi viaje en globo

Por Blanca Acebo

La radio que yo recuerdo tenía la particularidad de llevarme de viaje por lugares inimaginados. Cuando niños, era la radio la que nos llevaba de viaje a la Manga, que era algo así como el fin del mundo en la playa. Y ya de más mayorcitos, como el tío aventurero de los Fraggle, la radio nos enviaba postales de lugares remotos haciéndolos tan cercanos como el propio salón de nuestra casa. Porque ya teníamos la tele, si…pero sabíamos apreciar la radio.

Como muchos de mis libros, la radio guarda un lugar especial en mis recuerdos, porque de ella aprendía sobre el mundo y, gracias a ella también, en ocasiones, me alejaba. Las noches sin sueño estaban colmadas de sueños de radio y tengo en mi memoria voces radiofónicas que me han acunado como ninguna nana.

Tan importante fue para mí la radio que, cuando por casualidad me invitaron a participar en un programa me resultó imposible negarme, aunque todas mis voces de radio se alzaran a mis espaldas como titanes de otra época. ¡Y menos mal que es otra época! ¿Cómo si no iba nadie a atreverse a ocupar ese altar que en lo más íntimo de lo íntimo de tu hogar te acompaña sin rozarte nada más que el alma?

En este viaje de radio, sin más pretensiones que hacer algo que nos encanta, la casualidad ha querido que encontremos nuevos amigos para viejas aventuras. La aventura de caminar por lo que se desconoce, la aventura de crear para otros, la aventura de creer, por puro amor, en lo que se hace.

Un año de viaje compartiendo risas y penurias; un año de viaje en nuestras pequeñísimas alturas… Me pregunto qué pensarían Aguilar y Espinosa, Espinosa y Aguilar la primera vez que escucharon a nuestro bebé gamberro en Radio san Nicasio Distrito Rock… “Si la música hablase” diría que no tenemos ni idea, ni sabemos dónde nos estamos metiendo. Y aun así, en nuestro viaje hecho de radio, quedan sortilegios para embaucar al más reacio. Ya no por el Jazz o el Blues de CDS, ni por el más sofisticado encuentro entre Audrey y Cheewbacca (si, Javi Duque, es una directa), ni si quiera por las noches, con o sin karaoke, interpretando a Metallica. Ya no solo es la música la hacedora de nuestras magias. Ahora somos hermanos de armas y por eso os recuerdo a Kavafis:

Cuando emprendas tu viaje, compañero, “pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los ciclopes, ni al colérico Poseidón…seres tales jamás hallaraś en tu camino si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu (…)”.

Porque la música puede romper barreras que los hombres nos obcecamos en levantar, tal vez por eso decidimos que fuera nuestro lenguaje y nuestra bandera, para así poder llevar más allá el mensaje de nuestros corazones.

¡Gracias compañeros!

Lord Vedder visita Madrid

en Conciertos/Especiales/Rock Ladies

Eddie Vedder o la historia de cómo el germen del grunge sigue vivo y consigue arañarnos el corazón

Aún con la emoción en el cuerpo escribimos estas líneas, y aunque hemos tenido días para masticar y digerir lo acontecido el pasado 22 de junio en el WiZink Center de Madrid, no se nos quita la piel erizada.

Un espectáculo sencillo, íntimo, donde la poderosa y mítica voz del vocalista de Pearl Jam, nos invitaba a compartir con él más de dos horas de historia de la música. En lo que parecía el salón de una casa y acompañado únicamente de un cuarteto de cuerda y sus guitarras.

“Alive” abre el espectáculo, con una luz tenue y sin el cantante en el escenario, interpretado por el cuarteto de cuerda (Red Limo String Quartet). El precalientamiento idóneo para un público con sed de Pearl Jam. Esto deja el patio caldeado para recibir al artista con una tremenda ovación que desemboca en “Far Behind” de su álbum en solitario “Into the Wild” para la película de Sean Penn de mismo nombre.

Apoteósico arranque que hace que el público conecte con el artista hasta el final del espectáculo, en el cual pudimos vibrar con clásicos como “Inmortality”, “Better Man” o “Black” de Pearl Jam. También hubo hueco para algunos de sus proyectos personales, “Ukelele songs”, “Into the Wild” o “Society” que cantó a dúo con el irlandés Glen Hansard que le acompaña en esta gira, realizando un show previo al concierto que tampoco deja indiferente a nadie. Sin duda, Eddie sabe rodearse de artistas que hacen del evento algo inmenso.

No fueron necesarias luces de neón, fuegos artificiales o una horda de músicos. Acudimos al espectáculo de una de las voces más emblemáticas del rock y más emotivas. Un show concebido desde la sencillez, cargado de sentimiento y apelando a la nostalgia en todo momento.

Una auténtica reivindicación del rock con mayúsculas, del rock de siempre, de los clásicos. Comenzando con el homenaje que le dedicó a su maestro Tom Petty, al cual consideraba mentor y amigo. Bonito detalle que Vedder le dedicase a sus hijas la emocionante versión que realizó de “Wildflowers” de Petty, ya que en su interior contiene aquello que le gustaría ellas que supiesen.

The Clash estuvo presente en el espectáculo, ya que la historia del rock sin ellos no se podría escribir. Un sorprendente “Should I Stay or Should I Go” a golpe de ukelele electrificado llevó al público al éxtasis, ya que no pudimos evitar corear su pegadizo estribillo.

R.E.M. también tuvo su momento con “It Happened Today”, en cuya versión Vedder nos invitaba a cantar con él, alcanzando un estado de comunión increíble entre el público y el artista.

Y para cerrar no podía faltar el padre de todo. El padre de aquello que Eddie lleva representando toda su carrera: Neil Young. El padre del grunge.

“Rockin’ in the free world” ponía la guinda al pastel. El resumen perfecto de aquello que nos quería decir Vedder: ¡Viva la música libre! ¡Viva la música en directo! En definitiva… ¡VIVA LA MÚSICA!

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