El prestigio de John Coltrane

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El pasado 29 de marzo llegó la lujosa caja en la que Craft Recordings recopila las grabaciones para Prestige de John Coltrane durante los doce meses del año 1958

Hay un puñado de nombres, muy pocos, que golpearon con fuerza el centro gravitatorio de la música en el pasado siglo XX para crear universos que, definitivamente, iban a cambiar la estructura del pensamiento de los creadores del futuro.

El irrebatible estilo de Django Reindhart, la locura de Charlie Parker, la inmensidad oceánica de Miles Davis, la agonía de Billie Holiday, los riffs de Chuck Berry o la versatilidad de Paul McCartney son algunos de esos ejemplos. Pero el rango de divinidad sólo está al alcance de John Coltrane. Se han escrito biblias sobre su vida y su obra; es uno de los pocos músicos de los que no se puede desechar ninguna de sus grabaciones, ya que todas ellas son referentes que aún conservan su vigencia. Tal y como diría Cifu, de Trane servían hasta sus estornudos. Su estilo sigue inspirando a los más veteranos y a los jóvenes leones que se enfrentan a la composición musical en el jazz. Incluso hay artistas en otros estilos que tienen en cuenta las estructuras, el color y la profundidad tonal de la música creada por Trane. En definitiva, todo en él es emoción.

Es por ello que sigue siendo actualidad, una y otra vez. En estos últimos años hemos podido descubrir álbumes perdidos como ese ‘Both Direction At Once’, que se lanzaba el pasado año 2018. Pero también reediciones, bootlegs, recopilatorios o bandas sonoras que, por un motivo u otro, han servido para mantener viva la llama de este alienígena obstinado que trascendió a lo divino a través de los malos hábitos, la fe, la enfermedad y, finalmente, la muerte prematura.

No sabremos nunca cuál hubiese sido su techo creativo; en sus últimas obras, sobre todo en el legendario ‘A Love Supreme’ grabado bajo los auspicios del sello Impulse, las notas de sus partituras se convirtieron, literalmente, en emociones escritas con lápiz en un pentagrama que pocos maestros podían entender. Tipo duros como su amigo y compañero de batallas Elvin Jones tuvieron que abandonar su banda debido a que la exigencia mental que suponía enfrentarse a la música del saxofonista era rebasar el límite de lo humano.

Ahora nos encontramos con otra novedad discográfica en torno a Trane. Muchos ya conocemos estas piezas desde hace años, pero este ‘Coltrane’s 58: The Prestige Recordings’ resulta muy goloso como objeto lujoso de colección. También lo fue, a principios de la década de los noventa, la integral de las grabaciones que Trane realizó entre 1956 y 1958 para el sello Prestige. Una caja lanzada por Fantasy ampliamente documentada por el periodista especializado en jazz Doug Ramsey a través de extractos de entrevistas a músicos como Julian Cannonball Adderley, Yusef Lateef, James Moody o el propio Coltrane. Ahora se extrae el segmento final de ese periodo, que también supone el final de una etapa de superación para él. En 1956 Trane forma parte aún del sexteto de Miles; es un sideman de lujo que no termina termina de cuajar sus primeros discos como líder, en este año llega a alcanzar un total de once sesiones de grabación para distintos sellos.

El cincuenta y siete sería un año espléndido: decide desintoxicarse de las drogas y el alcohol, acepta a Dios y toma la espiritualidad como forma integrada en su composición musical. Participa en proyectos para Mal Waldron o Paul Quinichette, lidera sesiones que luego se convertirían en álbumes como ‘Dakar’ o ‘Lush Life’. Cuanto afronta está impregnado de la riqueza que vierten sus saxos, infinita e inspiradora. Se crea un magnífico ambiente familiar en el estudio del irrepetible ingeniero de sonido Rudy Van Gelder, en Hackensack, New Jersey. Todo cuanto ocurre en estos años es el preludio de la esencia que llegaría en los sesenta, y Van Gelder lo registraría para que Prestige lo proclamará públicamente como versículos de una nueva iglesia. En aquellas sesiones el estudio crepitaba porque el proceso de descubrimiento estaba ocurriendo dentro de los confines del mejor hard bop, apoyado por incondicionales amigos, como los líderes Kenny Burrell, Wilbur Harden, Feddie Hubbard, Gene Ammons y, cómo no, las fieles cohortes de Trane en esta época: el pianista Red Garland, el contabajista Paul Chambers y los baterías Art Taylor y Jimmy Cobb. Nombres que añadirían el mortero necesario para que los pilares de esta nueva religión no se quebrasen jamás.

Esta nueva caja centra su foco puntualmente en las sesiones que Coltrane lidera y co-lidera en 1958. Sale en dos formatos: un set de cinco CD’s y otro de ocho vinilos, presentando cada sesión en orden cronológico. La secuencia resalta la rápida evolución de Coltrane hacia su impronta en los sesenta, ya que en las obras finales estamos ya ante un músico que ha hallado el camino para desarrollar su firma más personal, la de un músico modernista que iba a grabar para los sellos Atlantic e Impulse obras monumentales, un Trane que iba a crear ese efecto que el crítico Ira Gitler, en ese 1958, acuñaría en la revista Down Beat como ‘Sheets of soud’, tras haber incluido ese termino en las notas que acompañaron la publicación del imprescindible ‘Soultrane’, publicado ese mismo año y que esta caja recoge.

Este material es excelente y, gracias a su cuidada presentación, es altamente adictivo. Es la excusa perfecta para iniciarse en el universo Trane.

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