Steve Earle

Steve y Guy

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Steve Earle & The Dukes firman ‘GUY’, una joya emotiva y exquisita

‘GUY’ New West Records 2019

La lucha diaria en los fogones de la radio es la de tratar de buscar esa respuesta que nos quite la razón sobre estos tiempos que corren, y ya lamentamos ponernos pesados con el tema, pero es lo que sentimos. Poner el corazón en las cosas es tan necesario como respirar, de otro modo abandonaríamos este barco y nos recluiríamos en nuestros cuarteles de otoño para alimentarnos de los versos y los acordes de las leyendas.

Steve Earle vuelve junto a The Dukes, su banda. El maestro ha decidido hacerlo a lo grande con un álbum que conmemora la vida y la obra del tejano Guy Clark, un compositor imprescindible, el preferido de Bob Dylan, que se marchó de este plano hace tan solo tres años. Y aquí encontramos corazón al ciento por ciento.

Guy y Steve están unidos, no sólo por la íntima amistad que los llevó a fantasear en los últimos años de vida del finado con la posibilidad de escribir una canción juntos, si no por esa filosofía artesanal de quien no tiene prisa ante una vida moderna como la que nos toca vivir. Alumno y maestro se unen por fin, pese a la ausencia.

Escuchando el disco uno desea volver a lo artesanal. Se llega a añorar la privacidad de una vida que se pueda vivir sin tener que asomarse a esa sociedad que ejerce el derecho a la crítica gratuita.

Pero dejemos las diatribas, ‘GUY’ es un gran álbum. Cumple tanto en el plano emocional como en el práctico. Tal y como ocurrió a finales de la década de 2000 con ‘Townes’, Earle ha cumplido con sus dos mentores. Dos de los músicos más influyentes en la cultura tradicional de Norteamérica.  

Guy Clark y Steve Earle

Clark dejó un legado inmenso. Armado con su guitarra, construyó historias de forajidos para músicos como Ricky Skaggs o Bobby Bare, entre otros, canciones que les dieron éxito y fama gracias a la impronta del tejano. También fue mentor de nuestro querido Rodney Crowell, quien junto a Earle, viajó desde San Antonio a Nashville haciendo autostop allá por 1974 para conocer al autor de temas como ‘Texas 1947’ o ‘Desperados Waiting For A Train’ que inevitablemente nos lleva a recordar a los eternos proscritos Highwaymen. Dos canciones que Steve Earle incluye en su obra sin salirse de las líneas maestras propuestas por su autor.

La estética cambia por esa aspereza que alberga la garganta de Earle, pero el retrato es fiel al original. La vuelta de tuerca a los originales la encontramos en los matices, esa cálida presencia de vocal de la adorada Eleanor Whitmore, las mandolinas, guitarras, y el afilado pedal Steel de Ricky Ray Jackson, el dobro certero de Jim McGuire y la solitaria armónica de Mickey Raphael. Todos están a una altura memorable y certifican la calidad del decimonoveno álbum de Earle, grabado en el House of Blues de Nashville.

Para la ocasión, los amigos Rodney Crowell, Jerry Jeff Walker y Emmylou Harris se han sumado con estupendas colaboraciones para el álbum. Desde la apertura con el intenso y mítico ‘Dublin Blues’ hasta la emocional lectura de las relaciones paterno filiales que Earle realiza de ‘The Randall Knife’, pasando por los bailes irreprimibles que nos provocan ‘Heartbroke’, ‘Sis Draper’ y la inmensa ‘New Cut Road’ el disco se mantiene a una altura que no entiende de valles. Mención a parte merecen las armonías desgarradoras de Emmylou en ‘She Ain’t Going Nowhere’ y ‘Old Friends’ que nos hacen llorar a lágrima viva. Si nos vieran ahora mismo, mientras escribimos suena la versión de ‘The Last Gunfighter Ballad’, y aplaudimos por necesidad imperiosa, por placer y desahogo.

Que nadie se equivoque, el álbum está marcado, inequívocamente, por la personalidad y las atmósferas habituales de Steve Earle, no es un homenaje vacuo y alimenticio, es un reconocimiento sentido y profundo a un viejo amigo al que se echa de menos. 

Como bien cantan a dúo Earle y Harris en el broche final que supone la adaptación de ‘Old Friends’ a este GUY: “Viejos amigos, brillan como diamantes”. Disco imprescindible.

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