Blues

Jimmie Vaughan regresa al hogar

en Novedades

Será el próximo 17 de mayo cuando el sello británico Last Music Co. lance las once canciones en las que Vaughan está celebrando la vida y la música.

La identidad de un estilo seminal como el blues, casi tan antiguo como la historia de los Estados Unidos, se ha ido matizando con el paso de las décadas. En su evolución se ha encontrado con artistas que, bebiendo de distintas fuentes, han creado matices muy ricos que lo han hecho pivotar hacia otros lugares. El clasicismo sigue reinando, bien venga del Delta o se disperse por las avenidas de Chicago; hay músicos que siguen fieles al concepto tradicional que marcaron hombres como Robert Johnson, Son House o Muddy Waters, reflejando de manera cruda esas tristes historias de caminos polvorientos, trenes a ninguna parte, romances peligrosos y cuitas sin saldar.

En las últimas décadas, el rock ha creado un muro férreo en torno al blues, con acróbatas de la guitarra como protagonistas. No es algo nuevo, ya que desde los tiempos de Cream esto ya viene ocurriendo; el peligro es la indefinición en la personalidad del sonido que van creando las últimas producciones.

Por eso, encontrarse con un álbum como ‘Baby, Please Come Home’ supone llevarte al oído un trueno de felicidad y, lo más importante, de sinceridad musical. Jimmie Vaughan ha conseguido conservar intacto el mojo durante más de 50 años de carrera, ha dedicado su vida a preservar la vida del blues, llenándolo de vida y convirtiéndolo en fuente de inspiración para todos los que escuchan. Directamente, desde su título, rememorando al gran Lloyd Price, este álbum es una llamada furiosa y brillante de regreso al hogar. 

Desde 2011 no había vuelto a entrar a un estudio; el último registro lo encontramos en el directo a trío junto a sus amigos en el C-Boy’s. Ahora, desde el estudio de la estación de bomberos de San Marcos (Texas) -jugando en casa-, el tejano nos receta una buena dosis de alegría a través de la revisión de clásicos, más o menos conocidos, en los que se ha dejado el alma en los últimos años. Junto al ya mencionado Lloyd Price, Vaughan firma versiones de temas originales que fueron sellados por luminarias como Jimmy Donley, Lefty Frizzell, Chuck Willis, Bill Doggett, T-Bone Walker, Etta James, Clarence ‘Gatemouth’ Brown y Jimmy Reed; no se puede pedir más.

Vaughan tiene claro que la evolución pasa por el trabajo y, pese a su veteranía, el guitarrista y cantante deja claro en el álbum que el blues le ha exigido renovar sus votos para entregarnos una obra compacta y reveladora. Una obra en la que el blues es el protagonista, destilando arte y buscando el sonido crudo, el sentimiento por encima del artificio y los ornamentos florales de la virtud.

Inspiración

Cuando en los setenta llegó a Austin, el blues se integró definitivamente en su ADN; desde entonces nada le ha podido mover de allí, ni la desgracia ni el éxito mundial. Junto a su hermano o a bordo de los Fabulous Thunderbirds, Jimmie Vaughan ha seguido fiel al camino que le marcaban sus ancestros.

En ‘Baby, Please Come Home’ encontramos desde el blues más primitivo de Jimmy Reed en ‘Baby What’s Wrong’, pieza que cierra el disco, hasta los sonidos de uno de los padres fundadores de la música country moderna, como el legendario ‘outlaw’ Lefty Frizzell, de quien interpreta su ‘No One To Talk To (But The Blues). Vaughan demuestra que la música no se trata de etiquetas, sino de sentimientos. Destacan en el disco piezas como el clásico de Etta James ‘Be My Lovey Dovey’; Vaughan siempre estuvo enamorado del poder cautivador de James y ella misma le entregó este tema para que lo adaptara. Otro gran momento es la interpretación de ‘I’m Still I’m Love With You’; la seda de T-Bone Walker en esta balada es inmensa y la reunión musical en torno a Vaughan crean una ilustración casi poética del original de 1948.

Disfrutando en la redacción del nuevo disco de Jimmie Vaughan

Los compañeros de viaje

La obra está grabada por interpretes solventes, buenos amigos con recorrido. Destacan George Rains, el batería de Mike Bloomfield en los años 70; Billy Pitman, guitarrista forjado en la mítica Wrecking Crew de la que fue fundador; Mike Flanigan al Hammond B-3, que forma parte del trío de Vaughan junto a Frosty Smith a los tambores. También están Doug James, Greg Piccolo, Al Gomez, Kaz Kazonoff, T. Jarred Bonata, John Mills y Randy Zimmerman, a quienes se unen las vocalistas Georgia Bramhall y Emily Gimble. Entre todos ellos hay una comunicación muy especial, se intuye el silencio, las miradas, las sonrisas y el respeto. Vaughan toma la batuta para ser el maestro en esta rica ceremonia.

Un disco grande, necesario y que, sinceramente, va a ser uno de los álbumes de la temporada.

30 años de In Step

en Especiales

Cada cosa para cada tiempo, y luego los locos

Es imposible imaginar los años veinte en otro color que no sea blanco y negro, los sesenta sin flores y los ochenta sin neones. Hasta que llega un tipo con pinta de outlaw y sin pedir permiso ni perdón revitaliza el blues abrazando al rock a tal nivel, que hace que el mundo se rinda ante tamaña mezcla y despliegue de virtuosismo.

El tipo en cuestión era Steve Ray Vaughan, el genio que tuvimos, tenemos y tendremos la suerte de disfrutar. Gracias al apoyo de David Bowie, que le pidió colaborar en un video musical, tuvo la oportunidad de irrumpir en la escena musical con un álbum espléndido ‘Texas Flood’, en el año 83, después de haber probado suerte, escenarios y luchas sin azares claro esta, con ‘Triple Threat Revue’ en el 76 junto Wesley Curly Clark en el bajo y Mike Kindred al piano, que abandonarían el barco muy rápido y Freddie Pharoah en la batería y Lou Ann Barton poniendo la voz. Precisamente la marcha de este, hizo que Steve Ray tuviera que ponerse en mitad de un escenario a cantar. Benditos dobles problemas.

Pero damos un salto en el tiempo, porque venimos a hablar de ‘In Step’ el álbum del cual Steve se sintió mas orgulloso, en primer lugar por que había superado los problemas con el alcohol y las drogas, y en segundo lugar, por que desde la sobriedad absoluta había sellado para siempre su identidad al lado de sus amigos, Tommy Shannon en el bajo, Chris Layton en la batería y Reese Wynans en las teclas.

Abría el álbum con ‘The House is Rocking’, energía en estado puro, la revolución del rock n roll. ‘Crossfire’ fue el single que escuchó medio mundo y que supuso ser el cierre de muchos conciertos.

Las temáticas eran optimistas, y para ello se imbuía en un pasado que parecía ajeno, y lejano. Un ejemplo de ello ‘Tightrope’, donde además dejó riffs definitivos y magistrales.

‘Let me love you baby’ fue la revisión que hicieron los Double Trouble del clásico de Buddy Guy, con el respeto al máximo, copiando muchos pasajes, pero ofreciendo lo necesario para hacerse actual en aquellos finales de los 80.

‘Leave my girl alone’, o la gama de ruidos y voz ronca que te llevan al auténtico paraíso. Al llegar a ‘Travis Walk’, uno tiene el pleno convencimiento de la grandeza de un hombre de música, evocando a Merle Travis, otro de sus maestros, a través del boogie y de esa forma de tocar única e irrepetible.

Tanto ‘Wall of denial’, como ‘Scratch-n-Sniff’ o ‘Love my darlin’ dan continuidad a un álbum que parece estar preparándose para los fuegos artificiales, con el enfoque y uso intensivo del swing y los gritos comedidos para entrar en el reino del jazz por momentos.

Llega el final del álbum con un corte definitivo que hace que en cada escucha sientas la obligación de revisar toda la carrera del tejano, incluso puede impulsarte a irte a la tienda mas cercana para comprar una reedición de la Stratocaster de Steve Ray.

Hablo de ‘Riviera Paradise’, la balada que conmueve a propios y a extraños. Esa que han tachado de “la fácil” del álbum, la misma sobre la que Jeff Beck , Robben Ford, o Eric Johnson han derrochado no pocos elogios y alabanzas, y han alertado a todos los seguidores del jazz de su escucha.

Parece un cuento macabro, que existiera un ‘Lenny’ en ‘Texas Flood’ y un ‘Riviera Paradise’ en ‘In Step’.

Ambas primas hermanas, el principio y el final. Por que de la noche del 26 de Agosto del año 1990, ya se ha hablado mucho, del concierto que se celebraba al lado de su hermano Jimmie, con Eric Clapton, Buddy Guy y Robert Cray, y del vuelo que nunca llegó a su destino, dejándonos huérfanos de uno de los músicos mas influyentes del mundo del blues.

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