The Healing Game

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Veintidós años después sigue curando

1997, aquel año quedó marcado en la memoria por un disco inmenso que se presentaba luciendo las intensas fotografías en blanco y negro de Paul Cox. Aquellas canciones están ligadas a un buen amigo, fue él quién me ofreció las primeras escuchas en vinilo de ‘The Healing Game’. Van Morrison volvía a la carga tras ‘Days Like This’ y sus escarceos jazzísticos junto a su amigo Georgie Fame. Con él emprende el nuevo proyecto y suma una nómina de músicos extraordinaria. Han pasado veintidós años y me sigo emocionando con este Morrison profundo, espiritual, un tipo que comenzaba a jugar con los tonos más graves de su voz, rascando y rompiendo. Se comenzaba a convertir en un cantante de blues iracundo, en un león del soul reclamando su reino. Y si, quizás esa tripleta de discos anteriores, ‘Astral Weeks’, ‘Moondance’ e ‘Into the Music’, tengan una talla insuperable y le diesen una medida de leyenda con el paso de los años. Pero este Van Morrison de finales de la década de los noventa explotaba en este disco como un predicador tan bello como oscuro.

Rough God Goes Riding’ es la composición encargada de abrir el álbum. El de Belfast vuelve a sus diatribas religiosas que ya había mostrado en la década pasada en discos como ‘Inarticulate Speech of the Heart’. El tema posée una estructura pop con ornamentos de Góspel y sirve para colocarnos en un escenario de introspección, donde Dios se muestra rudo, con mano firme. El maestro “Pee Wee” Ellis se luce con el poderoso sonido de su saxo tenor descargando tensión mientras los coros elevan la pieza hasta convertirla en un himno. Ellis repite la hazaña con una dinámica más distendida en ‘Burning Ground’.

Por aquel entonces comenzaba a trabajar en la radio, al principio desde los cuarteles de la técnica. Decorando desde la realización distintos programas donde la música importaba tanto como la opinión del presentador de turno. Eurovisión y los triunfitos, el pop melifluo de los indies que se consolidaba tras dos décadas de proyectos, esa voz terrible que aseguraba la muerte del rock, la falta del gen genuino. Eso hizo que buscase la forma de dar salida al hastío y tracé el plan perfecto, hacer radio desde el otro lado del cristal. Me decidí por el jazz desde el principio y gracias a ello me acerqué más a tipos como Elvis Costello o el propio Morrison. Había maestros de las otras músicas que se atrevían con el jazz y Van lo había hecho desde sus inicios.

Pero vuelvo al disco y a la buhardilla de mi amigo Michel. ‘The Healing Game’ incide en esa belleza plomiza de los cielos de la Irlanda del Norte que Morrison buscaba en ‘Moondance’. Y es que su tierra tiene un protagonismo necesario en cortes sublimes como ‘Piper at the Gate of Down’ donde cita a dos genios, a la gaita de Paddy Maloney de The Chieftains y al dobro de Peter O’Hanlon.

El sonido de soulmen como Ben E. King llega con temas como ‘It Once Was My Life’ e ‘If you Love Me’ que apunta hacia las clásicas estructuras del doo wop. Son los únicos temas del disco donde Morrison se relaja y sonríe con su voz.

Y hablando de doo wop, la canción que da título al disco, cura el alma y mira hacia aquellos cantantes que improvisaban armonías para reforzar a la voz principal. Un juego curativo para el alma. En fin, un álbum magnífico de principio a fin, pero no lo conocíamos todo.

El próximo 22 de marzo sale a la venta un disco triple que contendrá el álbum tal cual lo conocemos, un segundo disco lleno de temas inéditos, en algunos de ellos participan luminarias como John Lee Hooker, Carl Perkins o Lonnie Donnegan con los que Morrison se mete a dúo. Más de treinta extras registrados entre 1995 y 1997. Por último, el tercer disco nos mostrará la actuación en el festival de jazz de Montreaux ‘97 donde, además de presentar sus nuevas canciones, realizó estupendas versiones de artistas como Ray Charles. Van The Man no para, sigue de gira tras sus últimos discos.

Este será un buen momento para volver a escuchar, como ayer, ‘The Healing Game’ en aquella buhardilla, la de mi buen amigo. Música y vida.