‘The Medicine Show’

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Ha vuelto Melissa Etheridge, y su rock es más valiente y más feroz que nunca

Estamos inmersos en tiempos de política. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, unos y otros gritando, pavoneando e incitando con sus lemas para alcanzar el poder, es el momento apropiado para escuchar música que incite a tomar decisiones; entre tanto, nos acabamos de encontrar con un disco que, en este y en muchos otros sentidos, funciona mejor que cualquier mitin. Ha vuelto Melissa Etheridge, y su rock es más valiente y más feroz que nunca.

‘The Medicine Show’ es su decimoquinto álbum de estudio y la de Kansas viene tan cruzada como antaño, elevando su voz crepitante contra unos planteamientos políticos y sociales tan agresivos como los que hoy día gestionan su país. Ella es una superviviente y su música es tan terapéutica y tan militante como peligrosa para sus intereses comerciales. Apuntamos a que este último punto le importa un bledo y nos da por aplaudir, ya que la defensa de los derechos humanos o los problemas del colectivo LGTBIQ no pueden estar al albur del éxito de una canción. Ya desde su portada, ella se corona con hojas de María, y es que hay paliativos para el dolor que ya no deben asustarnos.

El álbum comienza con la canción que da título al disco, aunque más que canción podría tratarse de un enérgico cántico tribal que eleva voz y música a la altura de los viejos ancestros. De entre todo ese muro de guitarras distorsionadas encontramos el primer zapatazo en la boca en forma de verso: “Podemos cambiar esto o podemos culpar a esto. Somos el pueblo y nuestras ideas pueden reorganizar esto”. Etheridge da herramientas a los indecisos para reforzar el pensamiento activo. Es una apertura que augura fuertes emociones y que, por cierto, en la métrica vocal tiene un razonable parecido al clásico de Blondie ‘One Way or Another’.

El sonido que Etheridge ha conseguido darle a su nuevo álbum parece sacado de las viejas producciones del heartland rock de los ochenta. Para ello ha contado con un viejo amigo, el productor John Shanks. Buen ejemplo lo encontramos en ‘Wild and Lonely’ y en la ruda ‘Shaking’, donde su voz y su guitarra suenan con esa maravillosa furia que siempre ha caracterizado a esta heroína que en sus momentos más delicados ha usado la música como elemento reivindicativo de su propia condición.

‘Pese a ser un álbum de rock, su lectura no es cómoda. Con las escuchas el conjunto se vuelve imperial e imprescindible’

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El disco también muestra paisajes más calmados, al menos en sus formas; ‘Woman Like You’ es un ejemplo. En esta canción, Melissa está soberbia y su estribillo lanza un dardo venenoso a las princesitas de cuento: “But a good-looking woman like you. Never had to wait for her dreams to come true. Once upon a time, it was all you had to do. Was be a good-looking woman like you”. En el recorrido del álbum hay una sensación de empoderamiento vital importante para la mujer y, por qué no, para los hombres que quieran escuchar.

También hay cabida para los arreglos de intensas guitarras acústicas: la soberbia ‘Faded by Design’, en la que sentimos que Melissa cuenta la difícil batalla de su recuperación, o los arreglos de piano para la demoledora ‘I Know You’, tema en el que Etheridge toma una de las formas musicales que más deseamos, la de Springsteen, y no es el único pasaje donde encontraremos esta sensación.

Pese a ser un álbum de rock, su lectura no es cómoda, las sensaciones van creciendo con las escuchas y el disco necesita varias para acabar entrando en ese escenario en el que su conjunto se vuelve imperial e imprescindible.

Los últimos parajes del álbum nos muestran canciones destacadas como la hiriente ‘Here Comes the Pain’ o el desgarrador broche con ‘Last Hello’, recordando a las víctimas del tiroteo de la Parkland School (“ningún niño debería ver lo que he visto”), pero sin hacer mención al suceso en sí mismo.

Gran disco, necesario en estos tiempos que corren, que firma una mujer que lleva 31 años bregando con todo y contra todo, sin pelos en la lengua y con alma de guerrera.

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